[Video] Qué cura el analista por Gabriel Lombardi

“Salva, por ejemplo, de la neurosis. Dentro de los tipos clínicos que empleamos en el psicoanálisis, la neurosis es aparentemente el menos complicado pero también es un gasto de energía permanente porque en lugar de realizarse algunas pulsiones, o deseos, lo que se hace es mantenerlas reprimidas. Eso implica un constante esfuerzo de represión que hace que alguien después de cuatro o seis horas del día esté agotado: porque no sólo hizo lo que hizo sino que también estuvo haciendo fuerza para no hacer otras cosas que hubiera querido hacer o decir.”

Gabriel Lombardi responde:

Transcripción del video:

Depende qué entendamos por cura. Curar etimológicamente es cuidar. También se podría entender como sanar, en otro sentido. El francés distingue entre curar y sanar de una manera más nítida que acá, guérir dicen ellos.

El psicoanálisis, si está funcionando efectivamente como un análisis, cuida al sujeto del deseo en un sentido heiddeggeriano, le abre la posibilidad de aproximarse a su ser, a su ser presente, a su ser ahí.

También cura en el sentido de que resuelve algunos síntomas que por otro lado no se pueden resolver. Porque, por ejemplo, si es una histeria, el médico puede decir que no encuentra nada, el psiquiatra puede decir que en realidad son percepciones erróneas; y si una psicosis del tipo alucinatoria…, el psicoanálisis por lo general se hace cargo de ese campo de fenómenos desdeñados por otras teorías que representan algo que para el sujeto es más importante.

Entonces, resuelve también algunos síntomas, pero, sobre todo, yo diría, usaría un término casi religioso, salva al sujeto del deseo. O sea que, sí creo que cuida, que cura y que salva, cuando funciona efectivamente como psicoanálisis, que ese es otro tema: cuándo un análisis efectivamente produce resultados analíticos, no solamente terapéuticos, sino analíticos en cuanto a resolutivos.

Salva, por ejemplo, de la neurosis. Dentro de los tipos clínicos que empleamos en el psicoanálisis, la neurosis es aparentemente el menos complicado pero también es un gasto de energía permanente porque en lugar de realizarse algunas pulsiones, o deseos, lo que se hace es mantenerlas reprimidas. Eso implica un constante esfuerzo de represión que hace que alguien después de cuatro o seis horas del día esté agotado: porque no sólo hizo lo que hizo sino que también estuvo haciendo fuerza para no hacer otras cosas que hubiera querido hacer o decir.

Con lo cual, salvar a alguien de eso, de ese agotamiento permanente es como abrirle la posibilidad de otra vida. Salva también, en cierto sentido, de las desventajas de la religión. La religión tiene sus ventajas y también tiene sus desventajas y es que tiende a promover la procrastinación, el dejar para mañana, para otra vida, para una vida mejor, los deseos que tal vez sólo se puedan realizar ahora.

Entonces, salva al sujeto del deseo en ese sentido, que tal vez no tenga por qué quedarse toda la vida reprimiéndolo, dejándolo de lado y disimulándolo o haciéndolo pasar como lo haría un obsesivo, sino pudiendo decirlo, expresarlo, hacer algo con eso.

Entrevista realizada por Iara Bianchi.

Gabriel Lombardi

Gabriel Lombardi 
Psicoanalista

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Fundadora. Directora Editorial. Psicoanalista

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