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Édith Piaf escapa hacia adelante

El 29 de marzo de 1936 en el cabaret Gerny’s de París debutaba la cantante Édith Piaf. Mujer que a pesar de tener una vida signada por el abandono y la tragedia, de su voz brotaron las más hermosas canciones de amor.

Dios, el destino, o quien quiera que sea que administra y reparte cósmicamente las desdichas entre los humanos no sabe de equidades. Mientras seres despreciables disfrutan de las mieles de la vida, inocentes son condenados a un calvario desde antes de nacer.

Annetta Maillard, una cantante veinteañera había sucumbido a los encantos de un contorsionista de circo llamado Louis Alphonse Gassion. Más amante del vino que de su esposa, solía ausentarse del hogar durante varios meses. El 19 de diciembre de 1915, Annetta, a punto de dar a luz se encontraba sola como de costumbre. Salió a la calle en busca de una ayuda que nunca llegó. Su hija nació debajo de una farola frente al número 72 de la calle Belleville en París.

El adorable señor Gassion apareció, bautizó a su hija como Édith Giovanna Gassion y se fue a festejar. Parece que el festejo se puso bueno porque tardó dos años en regresar. Su madre se sentía incapaz de criarla y se la entregó a su propia madre de origen marroquí. Emma Saïd Ben Mohammed no quería saber nada de criar a su nieta y hasta consideró darla en adopción. No me atrevería a asegurar cual opción hubiera sido la mejor. Estar en manos de Emma le trajo consecuencias físicas irreversibles, la golpeaba y jamás le dio leche, la alimentaba con pan y vino.

El señor Gassion apareció nuevamente cuando Édith ya tenía 2 años. La niña estaba ciega debido a una Queratitis no tratada. Horrorizado con lo que encuentra le arrebata su hija a Emma, no para criarla él, sino para entregársela a su propia madre, Louise Léontine Deschamps. Antes de irse a la guerra se tomó el tiempo para volver a dejar embarazada a su esposa Annetta.

La señora Deschamps era una mujer trabajadora y honorable, pero no muy aconsejable para ser la tutora de una niña, ya que regenteaba un burdel en Normandía. Édith fue criada por las prostitutas del lugar y lo hicieron bastante bien. A los 14 años estaba totalmente recuperada, era una niña educada y cantaba como los dioses. Recién allí Louis se interesó en su hija. La integró a su espectáculo circense, pero Édith comprendió que ella era la talentosa y se independizó. Conoce a Simone Berteaut, una adolescente como ella con la que compartía una infancia desdichada. Juntas comienzan a hacer actos callejeros que apenas les permitía dormir bajo un techo y subsistir.

En 1932 se enamora de Louis Dupont. Pese a que su padre y Simone se oponían, Édith, de solo 17 años, se fue a vivir con él. Al año siguiente tiene a la que sería su única hija, Marcelle Dupont Gassion. Como todo en su vida, solo fue un sueño efímero. Dos años más tarde su hija muere de meningitis.

Su lugar en el mundo eran las calles de París, solía actuar en el barrio de Ménilmontant. Una noche de principios de 1936, Édith se encontraba cantando en la Place Pigalle cuando un hombre se detuvo a escucharla. Pese a que conocía todas las cantantes de París, quedó cautivado por la voz de La Môme Piaf  (El pequeño gorrión).

Louis Leplée era un hombre de negocios, siempre y cuando tuvieran que ver con la noche. Era dueño del club Le Gerny’s donde, el 29 de marzo de 1936, Édith se subió a un escenario respetable. En pocos días era una cantante profesional de Music Hall. Lepleé la presenta en la PolyDor que sin dudarlo la contratan para grabar su primer disco: Les mômes de la cloche (Los niños de la campana).

Nada bueno parecía durar en su vida, todo se desmoronó. Louis Leplée apareció asesinado y Édith fue la primera sospechosa. Los periódicos se hicieron un festín con la noticia y su reputación se desvaneció. Fue obligada a abandonar Le Gerny’s y volvió a las calles y a clubes de segundo orden.

Buscando limpiar su imagen adopta el nombre artístico La Môme Piaf. Se asocia con los compositores Raymond Asso y Marguerite Monnot. Los instruye para que compongan sobre dos temas, el amor y los sinsabores de su vida. En 1940 se transforma en un suceso nacional cuando canta y actúa en la obra Le Bel Indiférent del prestigioso Jean Cocteau.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial su actividad mermó drásticamente pero no su fama. Sobrevivía haciendo presentaciones a escondidas de los alemanes. Se suma a la resistencia francesa adoptando definitivamente el nombre de Édith Piaf. Arriesgando su vida, ayudó a proteger a artistas judíos durante la ocupación nazi.

París se esforzaba por recuperar la vida nocturna y la felicidad. Qué mejor que una cantante de la talla de Piaf. Recuperó de inmediato el centro de la escena musical. Su regreso fue en el Moulin Rouge junto a Yves Montand. Ayudó a otros artistas a hacerse conocidos compartiendo su escenario. Entre sus preferidos estaban los talentosos Atahualpa Yupanqui y Charles Aznavour. De esos años es su inolvidable versión de La vie en rose.

En 1948 tiene un romance con el boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdan. Estar casado no impedía que volara a París con frecuencia para encontrarse con ella. En uno de esos viajes muere en un accidente aéreo. Para sumar desdichas, Piaf junto a su amigo Charles Aznavour, sufre un grave accidente automovilístico que derivó en una adicción a la morfina.

Édith era un ícono parisino codiciado por los grandes productores de todo el mundo. En 1956 da el paso que le faltaba, conquistar los EEUU. El pequeño gorrión dio ocho memorables conciertos en el Carnegie Hall de Nueva York. En 1959, se desploma en un concierto. Los malos tratos de su infancia y sus adicciones llegaron para arreglar las cuentas. A partir de allí su salud se deterioró día a día. En 1961, como si fuera a modo de despedida, realizó los más memorables y emotivos conciertos de su carrera, en el Olympia de París.

Su voz se apagó para siempre el 10 de Octubre de 1963, en Plascassier. Su pareja Theo Sarapo la trasladó en secreto durante la noche para que el mundo creyera que había fallecido en París al día siguiente. Al enterarse de la desaparición de su amiga, Jean Cocteau dijo a los medios ‘El barco se acaba de hundir. Este es mi último día en esta tierra’. Antes de finalizar el día, él también había muerto. Édith no tuvo paz ni en su funeral. El periódico vaticano L’Osservatore Romano publicó que ella vivía en pecado público y era un ídolo de la felicidad prefabricada. Ante la presión el cardenal parisino Maurice Feltin le negó una misa fúnebre. A espaldas de sus superiores, el padre Villaret Thouvenin se ofrece a darle su bendición. Afuera del cementerio de Père Lachaise, mas de 40 mil personas tomaron las calles de París para despedirla.

 

Escrito por Gabriel Dantuono

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