[Video] Límites y posibilidades del psicoanálisis por Isidoro Vegh

‘’Siempre me preguntan: ¿Qué les pasa a ustedes que tienen tantos psicoanalistas? Yo les devuelvo la pregunta: ¿Qué les pasa a ustedes que tienen tan pocos psicoanalistas? Y les puedo dar una respuesta: tienen demasiados objetos para taponar transitoriamente la angustia. Lo que se llama sociedad de consumo es también sociedad de empobrecimiento, empobrecimiento espiritual. (…) Se hace muy difícil que el ser humano tenga el espacio, el tiempo y la disposición para interrogarse, para escuchar su propio mensaje.’’

Isidoro Vegh responde:

Transcripción del video:

Fue lo primero que Freud planteó, si le demandamos al psicoanálisis lo que está afuera de su ámbito sin duda que va a fracasar.

El psicoanálisis no es una religión que resuelve todo por milagro. Hay un ámbito en el cual el psicoanálisis ha demostrado su eficacia, es el ámbito de las neurosis, cuando se respetan las condiciones que hacen posible que el psicoanálisis pueda operar. Es decir, el hecho de una cierta frecuencia, el hecho de tener un tiempo de despliegue. No es lo mismo alguien que decida analizarse siendo joven que alguien que ya viene con todas mañas coaguladas al cabo de muchos años de vida.

Entonces, el campo de la neurosis es el primer campo en el cual Freud insistía el psicoanálisis está llamado a operar. Con la perspectiva lacaniana se ha ampliado mucho eso. De hecho, yo escribí un libro hace unos años que se llamó Intervenciones del analista, en el cual yo proponía que el analista no sólo interviene con la interpretación, clásica intervención simbólica del analista, sino que hay lugares de la estructura del ser humano que con la interpretación no se modifican y que precisan de intervenciones en lo real, intervenciones en lo imaginario. Eso permitió  también entonces abordar, por ejemplo, el campo de la psicosis. Pero, cuando estamos en el campo de la psicosis estamos en el campo límite de lo que constituye al ser humano en su psiquismo. Allí obtener resultados no es tan simple, y una de las cosas que tenemos que aceptar es que generalmente en el campo de la psicosis no hay fin de análisis. Es decir, tenemos una finalidad a la que apuntamos y es que el psicótico pueda también –con las barajas que le tocaron en la vida– vivir lo mejor posible. Uno no es psicótico porque sí. Es una ética totalmente opuesta a la ética nazi, los nazis mataban a los enfermos psiquiátricos.

También con los aportes de analistas pioneros como fue Melanie Klein, que fue sin duda analista muy importante en la historia del psicoanálisis, el campo de operación y de eficacia del psicoanálisis se amplió también a los niños. Por ejemplo, los trabajos pioneros de Melanie Klein, también Anna Freud a su manera, aunque es discutible, en Argentina estuvo Arminda Aberastury… Se amplió el campo del psicoanálisis a los niños. Cosa que para Freud aparecía como algo dificultoso. Hoy por hoy, hay analistas como Alba Flesler, analista de niños, que ha escrito varios libros muy importantes, también hay otros. El psicoanálisis con niños tiene un nuevo relanzamiento muy fuerte, muy interesante. Inclusive vos me hablabas de los  analistas que han trabajado y trabajan con autismos… Efectivamente, las intervenciones muy tempranas en esos casos de autismo favorece que no se rompa la dialéctica entre la madre y el niño. Porque a veces un niño autista por problemas orgánicos desalienta a una madre, que es una madre normal, llamémosla así, que no tiene ningún problema, pero la desalienta, se corta el vínculo y ahí sí se produce la catástrofe. En intervenciones precoces, pueden ayudar a que eso no suceda y a que haya una recuperación muy importante.

Son campos en los cuales el psicoanálisis ha ampliado su lugar de injerencia, pero también hay límites. Por ejemplo, ¿por qué el  psicoanálisis tiene tanta dificultad en desarrollarse, paradójicamente, en los llamados países del primer mundo? Es pobrísimo en Italia, en Alemania, en Estados Unidos, en España. A veces yo escucho, generalmente viene de sectores bastante reaccionarios, que en Argentina faltan ingenieros y sobran psicólogos. Cuando dicen ‘sobran psicólogos’, quieren decir ‘sobran psicoanalistas’. Es un tiro por elevación. Yo suelo responder que si faltan ingenieros, me parece bien que se haga lo necesario para que haya más ingenieros, que se creen las condiciones materiales para que después los ingenieros no terminen siendo conductores de taxis, es decir, que trabajen de lo suyo. Ahora, que haya muchos psicoanalistas a mí me llena de orgullo. Hay psicoanalistas de Ushuaia hasta Posadas, en Misiones, desde Mendoza hasta Entre Ríos. No se puede decir más que corresponde a elites económicamente elevadas porque hay psicoanalistas muy bien preparados en todos los hospitales, en centros de salud. Yo he contribuido muchísimo, dentro de lo posible para alguien, en alguna medida, para desarrollar eso. He dado clases y he producido seminarios en todos los hospitales de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires y en cuántos lugares del interior del país. Digo que me llena de orgullo que haya todo eso porque quiere decir que en la Argentina tenemos una inserción social que en esos otros países, no. ¿Por qué ellos no y nosotros sí? Siempre me preguntan: ¿Qué les pasa a ustedes que tienen tantos psicoanalistas? Yo les devuelvo la pregunta: ¿Qué les pasa a ustedes que tienen tan pocos psicoanalistas? Y les puedo dar una respuesta: tienen demasiados objetos para taponar transitoriamente la angustia. Lo que se llama sociedad de consumo es también sociedad de empobrecimiento, empobrecimiento espiritual. Cuando digo espiritual, no me refiero a nada religioso, me refiero a la dimensión del sujeto, al valor de la palabra, al valor del encuentro con el otro. Son sociedades que abruman con la cantidad de objetos… Hay que cambiar de auto cada dos años, hay que cambiar de televisor, hay que tener el último celular; todas las cosas que ya todos conocemos. Se hace muy difícil que el ser humano tenga el espacio, el tiempo y la disposición para interrogarse, para escuchar su propio mensaje.

Recuerdo una vez que le decía a un paciente, que siempre que lo iba a buscar a la sala de espera… Aunque fuera un minuto que lo había dejado esperando, ya estaba hablando por celular. Un día, le dije: Si un día de estos se anima a apagar el celular, podés recibir un mensaje inesperado. Me miró sorprendido, ‘¿cuál?’ ‘El que le va a llegar de usted mismo’.

Entonces, que en la Argentina haya esta difusión del psicoanálisis no es casual, ha habido generaciones de analistas, incluyendo por supuesto a los pioneros que han creado la Asociación Psicoanalítica Argentina, uno de ellos fue mi maestro Enrique Pichon-Rivière. Y todo lo que venimos haciendo desde hace muchos años –comencé contando que festejamos hace poco (2014) los 40 años de la Escuela Freudiana de Buenos Aires– para que el psicoanálisis tenga la vigencia que tiene. A pesar de todos los ataques que sistemáticamente se hacen, apoyados incluso por algunos sectores de la prensa, donde cada tanto podemos leer, por ejemplo, en diarios tan prestigiosos como La Nación, cosas como esta: “Se descubrió la enzima de la esquizofrenia”. Por supuesto, yo me dedico a todo esto, inmediatamente voy y lo leo. ¿Y qué leo? “En una universidad de Estocolmo se descubrió una enzima que está en el 3% de los pacientes esquizofrénicos pero que no es relevante porque también se encuentra en el 3% de los pacientes que no son esquizofrénicos así que no se ha llegado a una conclusión y se seguirá investigando”. Pero el titular, que es el que lee la gente que no se dedica a todo esto, es: “Se descubrió la enzima de la esquizofrenia”. Eso me llevó en una oportunidad a reclamar al diario La Nación una respuesta. Habían sacado un artículo que venía desde la tapa y tenía toda una hoja dedicada a un llamado El libro negro del psicoanálisis, donde algunos canallas se habían dedicado a difamar a Freud y al psicoanálisis con argumentos de los más torpes, de los más chabacanos. Entonces escribí a la dirección del diario La Nación diciendo que no podía entender cómo un diario respetable, que se supone que también respeta a sus lectores, podía difundir semejantes noticias que no tenían el mínimo sustento de credibilidad ni de cientificidad; y que por lo tanto me parecía que era obligatorio, ético, para el diario La Nación reparar esa desinformación de sus lectores, otorgándole a alguien idóneo exactamente el mismo espacio para responder y que ése era yo, podía ser otro, pero en esta ocasión era yo, y tenía mis antecedentes. Me lo dieron, y se publicó exactamente en las mismas condiciones, porque exigí que fuera en las mismas condiciones. Estuvieron muy honestos, tengo que reconocer, y me permitieron que pudiera responder a esa canallada, con los argumentos que el psicoanálisis nos ofrece, ya no sólo a nivel teórico sino con más de 100 años de práctica y de experiencia. Si el psicoanálisis ha tenido esta difusión es porque también ha demostrado, en lo real, que efectivamente puede ayudar; algo que voy a decirlo de un modo muy simple, como lo dijo Lacan casi en su vejez a un periodista: ¿Para qué sirve el psicoanálisis? Para que la gente se sienta mejor, ni más ni menos.

Entrevista realizada por Iara Bianchi.

Isidoro Vegh

Isidoro Vegh 
Psicoanalista

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Fundadora. Directora Editorial. Psicoanalista

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