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Yo también deseo simplemente
como tú
invertir mis instrumentos vocales en el lenguaje
pero todavía yerro muy lejos del lenguaje.

Birger Sellin

Mucho antes de servir para comunicar,
el lenguaje sirve para vivir.

Émile Benveniste

¿Qué recursos son necesarios en la estructura para que cada niño convocado a la vida advenga parlêtre (ser hablante)?

Lacan llama “misterio del ser hablante” a aquella interface que hace que, al nacer, haya una disposición para recibir la palabra y sus efectos de goce.

La clínica del autismo nos confronta al enigma del anudamiento cuerpo-lenguaje. Arduas nupcias del soma del bebé con la palabra.[1]

Lacan introduce en su enseñanza “lalengua”, subrayando que el lenguaje no es un dato primitivo sino que ya es un constructo, una elaboración de sonidos del ser hablante. Lalengua marca un nivel de lenguaje pregramatical o preescrito, como una escritura fonética, solo se escucha como modulación de la voz. Juego autoerótico en el cual la voz se inscribe anudada al fonema. Equivalente a la actividad del chupeteo. Reúne la boca que habla con la boca que chupa, en el tiempo que el niño es hablado.

Roman Jackobson subraya: “Los verdaderos inicios del lenguaje infantil están precedidos por lo que se ha convenido en llamar el período del balbuceo, durante el cual se asiste a la producción asombrosa de los más diversos sonidos (… ) que nunca se encuentran reunidos de una sola vez en una sola lengua. (…) Los observadores comprueban entonces, con gran sorpresa, que el niño pierde sus facultades de emitir sonidos cuando pasa de la etapa prelingüística a la lingüística, con la adquisición de sus primeras palabras”.

El balbuceo parece estar en contacto con experiencias de satisfacción y sensaciones agradables. Con el balbuceo se produce la alienación primera, mediante la cual el sujeto se engancha al lenguaje, proporcionando el marco para la palabra.[2]

En su libro El autista y su voz, Jean Claude Maleval refiere: “El autista, por su parte, no es ajeno a su voz, lo cual obstaculiza que tome la palabra. En consecuencia, no solo se ve conducido al mutismo, al soliloquio, a la verborrea, sino a veces se ve sobrecargado con un goce vocal desregulado, como una energía en exceso”.

Donna Williams escribe: “Escuchaba mentalmente mi propia voz comentar el desarrollo de las cosas”.

El objeto vocal les produce horror, una constante principal del funcionamiento autístico es protegerse de toda emergencia angustiante de la voz, de la propia mediante la verborrea o el mutismo, de la del otro evitando toda interacción.

Birger Sellin escribe:  “Los gritos chiflados son accesos, sobre los que no tengo forma, nada me es más odioso que esos repugnantes alaridos de rabia que inflan y mugen”.

Signo – Significante

El niño autista se presenta situado en el lenguaje como si estuviera montado frente a una calesita que gira a gran velocidad.[3]

J. C. Maleval, en el año 2018, en el Foro sobre Autismo en Barcelona, va a precisar que se trata de una entrada solitaria en el lenguaje; que se opera a partir de elementos aislados, es decir, por el signo y no por el significante: “El lenguaje del autista, no posee una de las propiedades mayores del significante. No es incorporado, no cifra goce. Cuando se apropia de un signo, lo hace a partir de una percepción externa: imitación ecolálica o comprensión del escrito por la imagen”.

Leo Kanner subrayaba: “La totalidad de la experiencia que le llega al niño desde el exterior debe ser reiterada con frecuencia, con todos sus detalles, con una completa identidad fotográfica o fonográfica. Ninguna parte de la realidad puede ser alterada, en lo que se refiere a forma, secuencia y lugar. El menor cambio en ese sentido produce crisis o ansiedad”.

Maleval: “Las conductas de inmutabilidad son una consecuencia de la estructuración del sujeto en el signo. El signo queda enlazado con su representación. No se produce una caída del objeto causa del deseo, sino que lo encarna en un objeto concreto: el borde”.

Si el niño del significante puede ser considerado un genio gramatical, el niño autista, para asimilar la lengua puede ser un genio mnémico.

Nada más elocuente, que lo que nos narra Marc Haddom, con Cristopher en el El curioso incidente del perro medianoche:

«Éste no va a ser un libro gracioso. Yo no sé contar chistes ni hacer juegos de palabras, porque no los entiendo. He aquí uno, a modo de ejemplo. Es uno de los de Padre.

El capitán dijo: ¡Arriba las velas! Y los de abajo se quedaron sin luz.

Sé por qué se supone que es gracioso. Lo pregunté. Es porque aquí la palabra vela tiene dos significados, que son: 1) pieza de tela que tienen los barcos, y 2) cilindro de cera que se emplea para alumbrar.

Si trato de decir esta frase haciendo que la palabra signifique dos cosas distintas a la vez, es como si escuchara dos piezas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso, no agradable como el ruido blanco. Es como si dos personas te hablaran a la vez sobre cosas distintas».

Escritura

Los autistas que han podido dar cuenta de su padecimiento, testimonian que en el origen de sus trastornos, se encuentran con la dificultad de tomar la palabra y coinciden en la constatación de que es más fácil hacerlo a través de la escritura.

En su libro Qué ha sido de nuestros niños locos, Maud Mannoni nos invita a la lectura del escrito de Birger, quien todas las noches, en el escritorio de sus padres, en presencia de un adulto, pulsa las teclas de una computadora. Poco a poco, los padres se dan cuenta de que el niño sabía leer y escribir a los cinco años.

El estatuto de lo escrito, a diferencia del habla, parece ofrecer facilidades singulares al enganche del sujeto autista.

Le ofertamos a estos niños el encuentro con la escritura para propiciar una apertura hacia el otro[4] en un dispositivo de escritura  que proponemos en la espacialidad de la pantalla de una computadora. Máquina, teclado que como artificio sortea la cuestión del trazo.

Siendo habitual que estos niños se nos presentan tomados por algún objeto, les proponemos una escritura a partir de lo que traen, páginas con imágenes de productos de oferta de algún supermercado, nombres propios de publicidades, papeles de envoltorio, libros de historietas con dibujos animados, frases ecolálicas, etc.

Acorde con la primacía del signo, donde la palabra esta enlazada con su representación, trabajamos con imágenes y con los llamados objetos autísticos, conceptualizados como objeto de borde.

Intentamos que nuestra entrada se torne mas permeable, adecuándonos al funcionamiento singular del autismo, donde no hay espacio entre la representación y la cosa representada, apoyándonos en el pensamiento en imágenes.

Raúl inicia su trabajo de escritura a sus ocho años. Carecía de lenguaje oral y eran frecuentes la emisión de gritos y sus auto y heteroagresiones.

Solo destacaremos en este niño una intervención que inauguró un movimiento propiciatorio.  Como era habitual, él se presentaba tomado por un objeto; ese día era un papel de alfajor que acababa de comer, papel que no soltaba: un “Jorgito”. Decidimos nombrarlo una y otra vez, letra por letra. Ubicamos una imagen de un alfajor en la pantalla de la computadora y fuimos con su dedo escribiendo letra por letra JORGITO. Poco a poco, su cuerpo cede a la escritura.

Así fue que soltó ese papel brilloso, envoltorio del alfajor. A partir del primer escrito: ”Alfajor Jorgito”, siguieron otros: “dulce de leche, chocolate…”

Hace falta que otro real, de carne y hueso, se constituya en destinatario de un mensaje, que luego pueda ser reconocido por el niño como fuente del mismo.

Simultáneamente con la escritura se propone una lectura, que al inicio es realizada por nosotros. Para luego de un tiempo de trabajo dicha lectura pueda ser realizada por el que escribe. De esta manera, Raúl requirió que lo acompañemos en el señalamiento de cada una de sus palabras.

En uno de estos encuentros, Raúl nos sorprende poniendo en juego su voz: pide “agua”, pide “baño”. Así, se produce un salto cualitativo donde el lenguaje toma el cuerpo.

Buscando formalizar los efectos clínicos que en estos niños les produce el pasaje por la escritura, podemos reflexionar sobre el concepto de préstamo, la idea de que le ofrecemos un objeto común compartido, a modo del garabato winnicottiano, una creación entre-dos interlocutores.

La escritura como productora de pensamiento es un alejamiento de lo natural, es del orden de la cultura. La escritura es huérfana, el que escribe puede luego tornarse lector.

El pasaje por la cosa escrita cobra valor estructurante en tanto funda ausencia.

Quisiéramos resaltar el eje temporal en la escritura: requiere tiempo de producción y lectura; cada relectura produce una nueva escritura.

El dispositivo de escritura permite apoyarse en un doble para “animarse”. El término ánima nos remite a vivificar el alma al cuerpo, infundir vigor a un ser viviente. En las obras de arte: hacer que parezcan dotadas de vida. Tratándose de cosas inanimadas, comunicarles mayor vigor, intensidad y movimiento.[5]

Podemos constatar como lo dice J. C. Maleval que  el autista encuentra en su doble una dinámica vital esencial siendo una de sus funciones principales la búsqueda a través de ellos de una animación libidinal del ser.

Lo escrito posibilita elaborar “transacciones” que les permite abrirse a un mundo al que inicialmente fueron ajenos.

Anhelo hacer cosas esenciales
y me atormento pensando
como puede uno liberarse como de la cautividad
escribir es mi primer paso para salir
de ese otro mundo
y estoy contento de que de ahí haya salido un libro
les deseo una vida sencilla pero interiormente sana
y rebosante de amor
su oscuro no humano.

Birger

Notas

[1] En principio ni el soma ni el lenguaje tienen agujero: todo mamífero pierde al nacer las envolturas. Pero sin mediación del lenguaje esto no es vivido en absoluto como pérdida de objetos. Corresponde a la estructura del Otro constituir cierto vacío. En su libro Ensayos sobre autismo y psicosis, Héctor Yankelevich conceptualiza  la glosolalía diciendo: “(…) sin la emisión de sonidos que no son todavía los fonemas de una lengua,  y sin la investidura de las cuerdas vocales, la laringe y la glotis y de todo el aparato fonatorio, sobre todo la emisión de aire, un recién nacido jamás podría adquirir la palabra. Condición para esta adquisición, que esa actividad sea desde el vamos productora de un goce sonoro, antes que el sentido desempeñe un papel discriminativo. Plasticidad de la laringe humana, frente a la huella fonemática(…)”.

[2] Lacan en el Seminario X dice: “Se trata ahora para nosotros de saber dónde se inserta ese objeto en tanto que separado. De qué objeto se trata: la voz (…) creemos conocerla bien, con la excusa de que conocemos sus desechos, sus hojas muertas, en las voces extraviadas de la psicosis y su carácter parasitario, en forma de imperativos interrumpidos del superyó, (…) en tanto que reclama obediencia o convicción. La castración simbólica borra la presencia de la voz en lo real, volviéndose apta para conectarla con el decir, así como la mirada es el soporte de la falta en el campo de la visión, la voz encarna la falta en el campo verbal. (…) Las voces de los niños autistas se arrastran, son pastosas, se elevan estridentes, golpeándose torpemente sobre los bordes de una lengua que no se articula, que no logra ser utilizada en su prodigiosa capacidad instrumental (…) Fracasaron en la tarea de separar la sustancia de la voz. Para que la voz responda, tenemos que incorporar la voz como alteridad de lo que se dice”.

[3] El autista trata de reducir la proliferación de la lengua y los equívocos del lenguaje, a un Uno que se repite. En el libro La batalla del autismo, Eric Laurent lo conceptualiza como pura iteración: “Repetición de un mismo significante, radicalmente separado de todo otro significante, que por lo tanto no remite a ningún S2, pero que produce, no obstante, un efecto de goce que es manifiesto por el mismo hecho de su repetición”.

[4] Otro con mayúscula sería lo correcto según la teoría lacaniana. También llamado Gran Otro, es un término de la teoría del psicoanálisis que representa la concepción de lo externo, sobre todo en la obra de Jacques Lacan. Freud se había referido a esta externalidad o alteridad como der Andere (otra persona) y das Andere (otredad). Al principio, Lacan utiliza el término en los sentidos freudianos y sólo hacia 1955, en el Seminario (El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica), traza la diferencia entre otro con minúsculas y Otro con mayúsculas.

[5] Frances Tustin advierte con pertinencia que los niños autistas parecen tener la impresión de que son una cosa innamida, que vacila en el límite del mundo vivo y lo humano.

Bibliografía

BARTHES, R.; El susurro del Lenguaje, Paidós, Barcelona, 1987.
HADDON, MARK; El curioso incidente del perro a medianoche, Salamandra, Barcelona.
JAKOBSON, R.; Lenguaje infantil y afasias, Ayuso, Madrid, 1969.
KANNER, L.; Trastornos autistas del contacto afectivo, La Mano, México.
LAURENT, E.; La batalla del autismo, Grama, Buenos Aires, 2013.
MALEVAL, J.C.; El autista y su voz, Gredos, Madrid, 2011.
MAUD, MANNONI; Qué ha sido de nuestros niños locos, Nueva Visión.
ORLIEVSKY, G; CALZETTA, J; «Comunicación y estructuración psíquica en los trastornos severos del desarrollo”, lX Jornadas de Investigación UBA Psicología.
ROSENFELD, S.; Actualidad Psicológica ( junio 2007 número 353).
SELLIN, BIRGER; Quiero dejar de ser un dentrodemi, Galaxia Gutenberg, Buenos Aires, 1994.
SUJARCHUK, S.; ROSENFELD, S.; «Du double a L’éscriture”, en Jean Claude Maleval, L’autiste son double et ses objets, París.
TUSTIN, F.; Autismo y psicosis infantil, 4ta Reimpresión, Paidós, Buenos Aires.
YANKELEVICH, H.; Ensayo sobre Autismo y Psicosis, Letra Viva, Buenos Aires ,2010.

Silvia Rosenfeld

Silvia Rosenfeld 
Psicoanalista

Susana Sujarchuck

Susana Sujarchuck 
Psicoanalista

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