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La contratapa de Ser loco sin estar loco nos abre una ventana:

«Qué es la locura no es muy difícil decirlo, lo difícil es pensar cómo es que no estamos locos. Por qué no alucinamos si el lenguaje está fermentando en nuestra cabeza y cómo es que no deliramos si es que continuamente interpretamos el mundo con la torsión de nuestro deseo.».

Pedro Bonifacio Palacios, para los amigos, Almafuerte, lo expresaba de este modo en su poema Sin tregua:

Llénate de ambición, ten el empeño;

ten la más loca, la más alta mira;

no temas ser espíritu, ser sueño,

ser ilusión, ser ángel, ser mentira.

La verdad es un molde, es un diseño

que rellena mejor quien más delira…

La locura puede relacionarse con el sin límites, con lo desmembrado y fragmentado en piezas que ni la fantasía puede unir. También la locura es lo extravagante, lo único, lo ajeno en lo propio, lo original. O, ambas acepciones.

La locura como enfermedad o padecimiento y la locura como modo singular de habitar un cuerpo, lo que lo rodea y lo afecta en un movimiento con distintas cadencias, como apropiación de reinvención de música con agregados y reordenamientos de esas notas que se llevan consigo, pueden coexistir o no. Y hasta, en ocasiones, conviven. ¿Quién se atreve a decir que sólo es uno por más necesario que se torne la ficción de unicidad? Hacernos un poco los tontos para sentirnos «alguien», por más que resista fuerzas con incongruencias y con incoherencias que chocan y que, por momentos, logran una tregua.

Hacerse el loco carece de lo genuino que aquí se desarrolla. Hay quienes transitan por calles recurrentes con un semblante que, lejos de ser siendo en lo que toca al hueso, son mostraciones organizadas para un fin. “Como si fuera loco” es entonces una herramienta, consciente o no, para desentenderse y desatenderse de la verdadera locura con la que hay que trabajar, la que guía un deseo de cada quien. Incluso podría ser un recurso al que recurrimos por idiosincrasias que supimos aprehender y se resume en “Quien no llora, no mama”.

Un tipo de locura que cabe mencionar porque se observa en todas las épocas de la humanidad es la que implica no la pérdida de la razón sino el vivir creyendo que se la tiene toda.

Estar loco sin ser loco es una forma de excentricidad propia de quien asume su deseo y se lanza con cálculos zigzagueantes al mundo que le fue dado a la vez que va construyendo y desplegando. El psicoanalista Emilio Vaschetto nos presenta otra cara de la cuestión: Ser loco sin estar loco.

El psicoanalista escribe: «el excéntrico es alguien que, si bien no sorprendería que en algún momento se volviera loco, finalmente nunca logra ese desdichado porvenir. Él busca formas grupales para hacer de su excentricidad un estilo. Ahora bien, es ese estilo el  que lo dejará al margen de esa misma clase que lo aloja, pues ya se tratará del nombre singular que adopte esa excentricidad». En palabras del poeta Sergio Abaldi: «Moverse con todos. Pero no como todos. Una especie de eremita en sociedad». El interés del autor de Ser loco sin estar loco es «investigar qué clase aloja lo imposible de clasificar en cada sujeto» o de qué manera empuja «hacia una clase que sólo vale para él mismo».

Vaschetto en el comienzo de su libro hace un jugoso recorrido de las concepciones de las locuras desde la psiquiatría clásica, que van de normalizadas a invisibles: maníacos, lúcidos, ex-céntricos, psicosis con consciencia, simuladores de talento, sensitivos, morales, deformes. Alienistas europeos y locales se enfrentan al eterno problema de los límites entre la locura y la razón.

La perspectiva psicoanalítica continúa con el recorrido de estas páginas de una investigación que continúa vigente. El signo particular llega de la mano de las psicosis actuales. Las formas que fueron clasificadas de manera marginal cobran relevancia en puntos suspensivos: ¿Qué es lo inintegrable, lo fuera de clasificación de cada ser humano? Sería una tarea poco augurosa agrupar bajo una categoría particular respuestas absolutamente singulares; y un esfuerzo poco consistente el proponerse clasificar una locura que aún no es locura y tal vez no lo será.

En la historia de la psiquiatría tomaron más protagonismo las psicosis enloquecidas que las locuras normalizadas. El autor plantea un escollo como posible respuesta a esa parcial omisión: ¿Dónde está lo patológico cuando en los locos sin locura no era evidente el sufrimiento? «Por ejemplo, en los locos morales, eran los otros las víctimas del sufrimiento y no el individuo».

Ser loco sin estar loco prosigue con las respuestas y los interrogantes presentados en libros anteriores. Es en Las psicosis actuales (2008) donde se observa «cada vez con más frecuencia la presencia de sujetos que presentan formas inacabadas de la psicosis cuyo rasgo distintivo los deja a medio camino entre la melancolía y la paranoia sin ser uno ni lo otro». Y en Los descarriados (2010), «la cuestión no es solamente saber en qué punto el sujeto está extraviado, se ha descarrilado, ha salido del surco (delirar quiere decir eso) o se ha desviado de ‘la carretera principal’; sino qué lo orienta». Siendo la errancia «el fundamento mismo del ser humano, pues se orienta como puede en un río agitado de las palabras, del sentido y de los ideales –que pueden servir como ancla».  En referencia a las psicosis actuales, Vaschetto plantea un matiz distinto. Algunas descripciones: “un turista diletante que carece de visión panorámica del terreno que debe escalar”, “los que no echan raíces, no se arraigan (…), imposibilitados de sentirse en su propia casa”.

Llegando al final del libro encontramos el título: Tratamiento posible no es terapéutica. Previo a este capítulo, se nos anticipa que se trata de un miramiento como complemento entre la clínica continuista (del síntoma y sus soluciones) y la discontinuista (de las estructuras y sus desarreglos); entre la psiquiatría y el psicoanálisis. Psicosis actuales y ordinarias (o normalizadas) se vuelven sinónimos en la medida en que las palabras emanan una inquietud constante de una lectura del malestar en la cultura de hoy.

Se lee en la introducción de la parte final una frase condensada y orientadora para un tratamiento posible, citando a Samuel Beckett: «Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.».

Una obra que compendia historia al tiempo que explaya, cuestiona y explica las psicosis desde la clínica y la actualidad. Para psiquiatras, para analistas, para los que quieran indagar acerca de la locura que no llega a estar, pero que aparece siendo.

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Emilio Vaschetto

Emilio Vaschetto 
Psicoanalista

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Fundadora. Directora Editorial. Psicoanalista

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  • Gustavo

    Un gran libro, como todo lo que sale de la pluma de Vaschetto. Un brillante trenzado de historia de la psiquiatría, psicoanálisis de orientación lacaniana y una retórica exquisita. Lo he leído con mucho placer, y creo que no solo interesará a los clínicos, sino también al lector ilustrado que quiera saber más sobre el fondo enigmático de ser hablante.

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