“El sexo forma parte de la naturaleza, y yo me llevo de maravilla con la naturaleza”.

Antes de suicidarse -según la versión oficial- en 1962, Marilyn Monroe acudió durante 30 meses a psicoanálisis con el doctor Greenson. Le fue derivada por la Dra. Kris como “una mujer en crisis total, con peligro de auto-destrucción por el abuso de drogas y medicamentos”. El diagnóstico del doctor Greenson fue severo y tajante: “personalidad bipolar, paranoide y adictiva”, presentando sexualidad insatisfecha e impulsividad. Tanta necesidad de sentirse acompañada la convirtió en una persona promiscua aunque confesó no haber tenido nunca un orgasmo.

“Vivía con miedos severos, con crisis y con depresiones frecuentes. La señorita Monroe había expresado a menudo su deseo de dejarlo todo, de abandonar su carrera e incluso de morir. En el pasado y en más de una ocasión, cuando estaba decepcionada o en fase depresiva, intentó suicidarse con sedantes. Pero cada vez que lo hizo pidió ayuda y la socorrieron. Como la noche del 4 de agosto del 62, con la diferencia de que nadie la socorrió”.

El psicoanalista subraya los síntomas de paranoia y de reacción depresiva y le dice a un colega: “He descubierto en ella indicios de esquizofrenia. Tuvo una infancia atroz y, no sé si será verdad o mentira, ella habla de que fue sometida a abusos sexuales. Me llama profundamente la atención el contraste entre esta mujer extraordinariamente bella, quizás la más bella del mundo, y su alma inquieta y su sexualidad insatisfecha”.

El psicoanalista está convencido que tiene ante sí un psiquismo frágil que en cualquier instante puede hundirse. “La trato como a los esquizofrénicos: coloco en primer plano las necesidades y el trabajo psíquico de mi paciente y, en segundo plano, mis opiniones personales de terapeuta”. Similar era también el diagnóstico realizado por Anna Freud: “Inestabilidad emocional, impulsividad exagerada, necesidad constante de aprobación externa, no soporta la soledad, tendencia a las depresiones en caso de rechazo, paranoica con accesos de esquizofrenia”.

Más allá de los diagnósticos, certeros o no, la figura de Marilyn continúa siendo un emblema enigmático que fascinó y fascina a todo aquél que a partir de una imagen se arrastra al misterio destellante de descubrir quien la habitó.

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