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El 26 de diciembre de 1898, los Curie anunciaron la existencia de un segundo elemento, al que llamaron «radio», derivado de un vocablo latino que significa rayo. En la investigación se acuñó la palabra «radiactividad».

Madame Curie, investigadora polaca, dos veces Premio Nobel. Se le debe, junto con su marido, el descubrimiento del radio (Ra) y del Polonio (Po), elementos metálicos radioactivos.

María Sklodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, Polonia. Fue hija de una maestra, que falleció cuando era pequeña, y de un profesor de Física, de quien tal vez haya heredado su pasión por la ciencia.

Desde pequeña tuvo que afrontar las adversidades que le puso la vida.

Fue una gran estudiante finalizando la escuela con medalla de oro. Pero como en la Polonia de fines de Siglo XIX las mujeres no tenían permitido realizar estudios universitarios, tuvo dos opciones: resignarse o buscar la manera de hacerlo.

Claramente la primera opción no estaba en sus planes, por lo que comenzó sus estudios universitarios de forma encubierta en la Universidad Latający, una institución clandestina. Se dice que fue una alumna brillante.

“Un científico en su laboratorio no es sólo un técnico, es también un niño colocado ante fenómenos naturales que le impresionan como un cuento de hadas.”

En noviembre de 1891 se trasladó a París invitada por su hermana Bronislawa. Pero previamente trabajó en Varsovia como institutriz para costear los gastos.

Una vez en Francia vivió con su hermana y su cuñado. Bronislawa estudiaba Medicina en la Sorbona. Marie estudió Física en esa misma universidad. No le debe haber resultado fácil ponerse a la par de sus compañeros, de alguna manera sus estudios hasta ese entonces no habían sido los tradicionales, además de tener que manejarse con un idioma nuevo. Así y todo se convirtió otra vez en la primera en su clase y la primera mujer recibida de física en la Sorbona.

Durante esos años universitarios conoció al Profesor Pierre Curie, con quien se casaría en 1895. Como viaje de luna de miel tuvieron la simpática idea de recorrer Francia en bicicleta. Para ese entonces Marie adoptó la denominación Madame Curie.

El matrimonio tuvo dos hijas, Irène y Ève. Madame Curie en ningún momento dejó de lado sus trabajos e investigaciones para criarlas. Podría pensarse como algo inusual para la época: una mujer fuera de la casa, trabajando a la par de su marido. Al poco tiempo, Pierre, al ver que los estudios de su esposa eran promisorios, se avocó a ayudarla, convirtiéndose en una especie de colaborador.

Aun así, firmaron sus trabajos y comunicaciones científicas en conjunto, debido, tal vez, a la sociedad de aquel entonces. Probablemente, de realizar Madame Curie sus publicaciones en solitario, el mundo científico no le hubiera dado demasiada relevancia.

“No hay que temer a nada en la vida, sólo hay que comprender.”

El 26 de diciembre de 1898 en la Escuela de Física y Química de París, Madame y Pierre anunciaron el descubrimiento del radio, un elemento 900 veces más radioactivo que el uranio. La radiactividad había sido descubierta poco antes por Henri Becquerel. Curie, basándose en su tesis doctoral acerca del trabajo de Becquerel y en sus propias experiencias, descubrió que entre los minerales del uranio había algunos más radioactivos que otros. El matrimonio trabajó con la pechblenda (óxido de uranio) y la chalcolita (fosfato de cobre de uranillo), en los que encontraron el radio. Por medio de esos estudios también descubrieron el polonio, llamado así en honor a la procedencia de la científica.

Por este trabajo lograron el premio Nobel de Física en 1903 (que sería compartido con Becquerel) debido a la consecuencia inmediata que tuvo el radio en diferentes ámbitos. En medicina, por ejemplo, se puede mencionar lo que se conoce como radioterapia.

Como curiosidad, hay que decir que este descubrimiento tal vez haya sido el puntapié para que una de sus hijas obtuviera el premio Nobel tres décadas después. Irène y su esposo Frèderic Juliot, tomando como partida los logros Curie, descubrieron un gran número de isótopos artificiales conocidos como “radioisótopos”, cuya actividad se usa en el diagnóstico y tratamiento de diferentes enfermedades.

Volviendo a Madame Curie… Para ese entonces, seguramente, ya se había convertido en una de las personas más relevantes del mundo.

En 1906 tuvo que soportar la pérdida de Pierre, quien murió atropellado por un carro de caballos. Fue entonces que le ofrecieron seguir al frente de las clases que dictaba su marido, convirtiéndose así en la primera catedrática mujer de la Sorbona.

A esta altura estamos en condiciones de afirmar que Madame Curie fue una experta en ser “la primer mujer en…”. La primera de la clase, la primera en recibir un premio Nobel, incluso fue la primera mujer miembro de la Academia Francesa de Medicina.

No conforme con ello, en 1911 consiguió su segundo premio Nobel. Entonces: primera persona en ganar dos. En este caso fue el de Química, en reconocimiento al avance de la Química con el descubrimiento de los elementos radio y polonio.

 “Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo.”

En ese tiempo Madame Curie vivió algunas situaciones que la acercaban más a las revistas de chimentos que al ambiente científico en el cual estaba acostumbrada a moverse. Es que, años después de la muerte de Pierre, tuvo una relación con Paul Langevin, físico francés y hombre casado. Esto último no fue bien recibido por la sociedad en general. Al parecer la prensa aprovechó la situación y todos comenzaron a hablar del tema. Tal fue el escándalo que se generó que el comité encargado del premio Nobel se planteó la posibilidad de no entregárselo. Es más, Curie recibió una carta en la que le pedían que renunciase a aceptar el reconocimiento, cosa que jamás hizo. Argumentó que el premio se lo otorgaban por su trabajo como científica y no por cuestiones de su vida privada.

Finalmente, todo se fue aplacando, la notable científica recibió el premio sin inconvenientes, aunque la relación con Langevin se vio afectada y no continuó.

Para el año 1914 estallaba la Primera Guerra Mundial y Madame Curie no se quedó quieta. Al ver que muchos soldados morían en campo de batalla y en los traslados a los hospitales más cercanos, postuló la idea del uso de la radiografía móvil. Con el dinero de los premios obtenidos, inventó unas ambulancias radiológicas o “pequeñas Curie”, como se las llamaba de manera simpática. Estos puestos ambulantes fueron de gran ayuda, ya que las primeras máquinas de rayos X eran muy caras y difíciles de transportar. Se convirtió en la Jefa del Servicio de Radiología de la Cruz Roja y se dice que ella misma iba a instalar los puestos en donde se necesitasen.

 “La ciencia la hacen las personas, donde sea, en una buhardilla, cuando tienen el genio investigador, y no los laboratorios, por ricos que se construyan y se doten.”

Una vez finalizada la guerra, Curie continuó con sus estudios y trabajos.

En 1921 viajó a Estados Unidos donde fue reconocida con honores.

Con el tiempo sufrió de una anemia aplásica perniciosa que le quitó la vida en el año 1934, debido a la constante exposición a la radiación durante sus experimentos y en los hospitales de campaña de la guerra. No se conocían las medidas de seguridad que hoy se utilizan. Incluso sus documentos de fines de siglo se consideran peligrosos de manipular y están guardados en cajas de plomo, al punto tal que para poder leerlos habría que utilizar un traje especial.

“De todos los personajes célebres, Marie Curie es el único no corrompido por la fama.” – Albert Einstein

Escrito por Pablo Reda

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