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»Me gusta pensar la psiquiatría como una de las clínicas de la medicina.» »Hasta el 2000 el único Nobel de medicina que tenía algo que ver con el cerebro, con la psiquiatría, era el de 1949, el de Egas Moniz, que se lo dieron por una técnica, la lobotomía. El próximo Nobel que tiene algo que ver con esto es en el 2000, cuando se lo dan a Carlsson y a Kandel cuando descubren los neurotransmisores…»

La psiquiatría, lo básico, uno podría decir, rápidamente: “La psiquiatría es una rama de la medicina, una especialidad médica y demás”. A mí me gusta pensar la psiquiatría como una de las clínicas. O sea, las clínicas… Dentro de la medicina, uno tendría las clínicas básicas  y después las cuestiones más quirurgicas. Es como que la medicina se divide básicamente en dos caminos, en un momento uno decide: “Bueno, ¿voy por el lado de la clínica o me voy por el lado de la cirugía?”.

La psiquiatría surge como una de las clínicas. Lo que pasa es que queda como medio en el tiempo, atrasada con respecto a otras clínicas por el tema de los encuadres de tratamiento, por el tema de las investigaciones, por un montón de cuestiones que pareciera —porque esto siempre es una simulación— que la evolución epistemológica no termina de ser quizás a veces una ilusión de evolución porque no se sabe.

Siempre está bueno poner el ejemplo de que, hasta el 2000, el único Nobel de medicina que tenía algo que ver con el cerebro o con la psiquiatría o con algo así era el de 1949, que es el de Egas Moniz, que se lo dan por la técnica de lobotomía, que hoy en día, con el diario del lunes, queda como una barbaridad; pero en el contexto, antes de la psicofarmacología y demás, el tipo había descubierto una técnica que curaba algunas psicosis agitadas, y por eso le dan el Nobel. Y el próximo Nobel que tiene algo que ver con esto es en el 2000 cuando se lo dan a Carlsson y a Kandel cuando descubren los neurotransmisores, la dopamina y los estudios con la memoria de Kandel. Entonces, entre 1949 y 2000 es como un hiato. Siempre está bueno verlo, el Nobel no es que legitima toda la medicina, pero es como un dato de cómo se fue desprendiendo.

Si uno ve en qué lugar geográfico de los hospitales públicos está el servicio de psiquiatría, uno va a ver que está siempre medio como a las afueras o atrás o al costadito, no está en el centro del hospital. Entonces, la psiquiatría queda medio como una especie de clínica especial, en algún punto. Pero a mí me parece que, con el tiempo, ahora está volviendo a reinsertarse dentro del discurso médico.

Hace poco, buscando algo que tenía que ver con esto para argumentarlo un poco mejor, porque esto era una idea, encontré en un American Journal de psiquiatría —que en realidad en esa época era el American Journal de insanidad— un artículo de un clínico, que era un artículo de mil ocho noventa y pico, donde el tipo planteaba exactamente esto. Intentaba que el resto de la medicina vuelva a agarrar a la psiquiatría como una de las clínicas básicas. Entonces, es un camino que todavía no está del todo resuelto, pero me parece que vamos camino a eso, por suerte, para volver a ser algo así.

Lo veo con mi sesgo de que a mí me interesa mucho la psiquiatría de enlace, la psiquiatría de enlace sí o sí está en diálogo con el resto de las medicinas, medicina y el resto del equipo interdisciplinar también. Entonces eso me interesa verlo más por ese lado.

El lado malo, si se quiere, de todo esto es considerar a la psiquiatría como solamente la psicofarmacología, solamente el tipo que medica, un prescriptor. Eso a veces es algo que está medio instalado también en algunas prepagas u obras sociales; la forma de nombrar la actividad del psiquiatra muchas veces es “control farmacológico”, como que lo único que hace el psiquiatra es eso. Bueno, encima “control”, Foucault baila sobre su tumba. “Control” y “farmacológico”.

Muchas veces eso, como te nombra, uno se ubica ahí. Uno tiene que estar todo el tiempo haciendo un ejercicio de ir contra ese nombramiento de “control farmacológico” para ampliar la psiquiatría a que justamente sea una clínica, una de las clínicas médicas y no solamente una prescripción.

Porque se corre otro riesgo ahí que es llegar a la tecnicatura. Pasar de una carrera humanista, como es la medicina —porque más allá de la biología es una carrera humanista, siempre se dice que es un arte la medicina— a la tecnicatura, que es aplicar una escala y medicar en consecuencia. Entonces, después le aplico devuelta la escala y veo si funciona bien. Es como si fuera el trabajo de un mecánico: “Bueno, a ver. Dale, dale, dale. Apretá el embrague. Ahí va, ahí va, ahí va. Listo. Ya está. Alta”. Entonces uno intenta correrse de ese lugar y hacer una cosa más compleja.

Lo que por ahí marco dentro de la psiquiatría sí, es verdad que pasa en el resto de la medicina también. Un paciente va a ver a un neurólogo y el neurólogo por ahí está escribiendo la orden para hacer la resonancia antes de hacer semiología sobre el paciente. Digamos que está en decadencia, lamentablemente, la semiología en toda la medicina, en favor de la cuestión más técnica que. Obviamente que es una ayuda buenísima pero…

Igual me parece, ahora que lo pienso —lo estoy pensando en este momento—, es algo que tiene que ver también con la época de resolver las cuestiones desde la imagen, de no tomarse la pausa para pensar algo o para ejercitar esos links entre lo que uno está viendo y la experiencia propia, que era en lo que se basaba la medicina antes. La medicina de antes estaba basada en la experiencia y ahora es más ver, ver todo el tiempo.

Entonces el paciente viene y uno ya está haciendole la orden de laboratorio, la tomografía, o la resonancia o el spect, o lo que sea. Es una escala tecnológica que va hacia un lado, que te da mucha información, mucha data, pero esa data… No hay como una especie de curaduría del dato, como que falta un poco de poder interpretar esos datos. Es una era de mucho dato y que falta el poder de poder interpretarlos. Interpretarlos en un sentido más, insisto, pensando que hay una persona y que no hay una enfermedad. Esto se dice siempre, pero la verdad es que se dice siempre porque terminamos siempre en lo mismo, dando vuelta por ese lado.

Me parece que la ciencia, en sí misma, la ciencia es algo super humano. No hay nada más humano que la curiosidad, no hay nada más humano que plantear una hipótesis e intentar ver si esa hipótesis se comprueba o no se comprueba y avanzar en consecuencia de eso. La ciencia básicamente es eso, el método científico se trata de eso y eso está buenísimo y es super humano, en el sentido de la humanidad del mono que sale a conocer el mundo.

Pero lo que sí hay es como cierto dogmatismo —que es raro, porque el dogmatismo, que es más de un pensamiento anticientífico, de “esto es así porque es así”— de leer como un dogma las consecuencias de las investigaciones. Ahí está el sesgo o la falla, la falacia-

Esto que vos decías: “La ciencia es una cosa, el cientificismo es otra”. Y me parece que pasa por ahí, porque la ciencia en sí sigue siendo humana. Hay un estudio que se llama CATIE, que es un estudio que hizo el Instituto de Salud de Estados Unidos, o sea, un estudio que encarga un Estado, con un número enorme de pacientes, para comprobar la eficacia de los antidepresivos. En general, los estudios farmacológicos van más de la mano del laboratorio que quiere que sea aprobado —son los que están desarrollando la droga y son los que la aprueban—, pero hay pocos estudios donde el Estado pueda ver cuánto funcionan estos fármacos. Y en ese estudio lo que se llegó a ver es que los antidepresivos —tomaron cuatro o cinco estándares de los que más se recetan— tenían una eficacia entre el cuarenta o el cincuenta por ciento, no mucho más que eso.

Eso es ciencia. Cientificismo sería decir que los antidepresivos o te hacen mal —porque, qué sé yo, se asocia enseguida al soma de un mundo feliz— o es lo único que te hace bien, todo lo demás no te hace nada. Esa lucha no tiene sentido en el contexto de la ciencia cuando la ciencia arroja estos resultados. Entonces, lo que te dice eso es que la mitad de la gente a la que a la que vos le das un antidepresivo no le va a funcionar, que uno tiene que estar preparado para eso y eso te lleva a más curiosidad, buscar por otro lado.

Ya no se puede decir que la depresión viene por el lado de los bajos niveles de serotonina porque si no sucedería con todos. O capaz que sí pero hay algo que no estamos viendo porque en este estudio, que científicamente cumple las cuestiones del método científico, salio ese resultado.

Entonces en cómo se toma ese resultado ahí está el sesgo, los dos caminitos: la ciencia o el cientificismo.

Entrevista realizada por Iara Bianchi.

 

Marcos Zurita

Marcos Zurita 
Psiquiatra

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Fundadora. Directora Editorial. Psicoanalista

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