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La locura tiene que ver con modos no estandarizados de funcionamiento, arreglos para manejar las contingencias y las condiciones que se van presentando, para arreglárselas con la vida.

¿Qué es lo que te cautiva de la locura?

La locura tiene que ver con modos no estandarizados de funcionamiento para arreglárselas con la vida. Se trata de los arreglos que cada sujeto ha logrado hacer para manejar las contingencias y condiciones con las que se topa a lo largo de su recorrido.

Encontrarse con la locura en la práctica clínica, ofrece la posibilidad de inventar y usar recursos que, por muy precarios que sean, sirven para arreglárselas con las situaciones y contingencias que a veces pueden resultar muy perturbadoras, angustiantes, inquietantes. Justamente, es presenciar esos arreglos singulares e invenciones que el paciente hace y que el sentido común y la idea de normalidad traducen como locura.

Encontrarse con lo diferente, con esos “arreglos singulares” para enfrentarse a las dificultades de la vida o a situaciones muy perturbadoras … Y dime, entonces, en relación a la forma particular de la locura llamada psicosis, a lo largo de tu práctica clínica, qué es lo que te han enseñado.

Lo más interesante a escuchar en estos pacientes es los diferentes modos de arreglo de pequeños detalles, de sutilezas que pueden ser determinantes en el momento de lidiar con la angustia, o responder al sufrimiento; cómo cada caso, cada sujeto, hace uso de esos recursos, algunos son muy estables y consistentes, otros parecen frágiles. En cualquier caso, la perspectiva psicoanalítica permite devolverle la dignidad a ese modo de funcionar; no pensando la psicosis como algo deficitario, como en algún momento se hacía, sino como la ratificación de la dimensión de lo diferente, lo singular.

En la experiencia clínica, la psicosis es la que más me ayuda a entender y localizar el manejo singular de diferentes acontecimientos y situaciones, a diferencia de las neurosis que se apuntalan en estándares normalizados. Es decir, cada caso tiene un matiz singular, sin embargo, hay muchas envolturas y muchos puntos de apoyo que son más comunes en las neurosis.

Y eso también tiene que ver con la ética del psicoanálisis, que no es cualquier ética, apunta a lo singular…

Exactamente, la ética del psicoanálisis apunta a acoger y a trabajar para poder despejar lo que puede ser un obstáculo en el funcionamiento singular de cada sujeto. En la psicosis puede haber puntos de apoyo comunes, pero aún así el uso de esa referencia, de esa identificación, parece ser una singularidad más atípica que funciona para cada sujeto.

Lo que le funciona a ese sujeto… Y en cuanto a las dificultades o retos a los que te has enfrentado en tu práctica clínica, ¿qué podrías decir sobre esos puntos álgidos?

La singularidad no solamente refiere al tipo de arreglo, sino también a las dificultades que se le presentan, por eso el psicoanálisis no es técnica ni protocolo, no es el cómo ajustar un par de cuerdas o tornillos que normalicen el funcionamiento. Lo interesante, lo difícil y enigmático de la locura es su dificultad que, precisamente, es de lo que más se aprende. Hay que escuchar y dejarse sorprender; dejarse enseñar por esas sutilezas, que también pueden ser modos de sufrimiento, y entonces acompañar al sujeto para que pueda formar parte de su arreglo, de cómo arreglárselas en su vida.

¿Recuerdas alguna experiencia que te haya marcado o te haya dejado alguna enseñanza?

Como todo iniciante, la teoría estaba muy presente en mi práctica. Con ella me defendía del encuentro con la psicosis. Una experiencia muy interesante fue cuando después de un tiempo de trabajo con un paciente, sentía que las cosas estaban un poco estancadas, llevé el caso a supervisión planteando algo sobre la lógica de ese caso, y el analista de control aisló un significante, una expresión mía muy particular, que se refería a mi posición clínica. Eso resonó en mí, lo llevé a mi análisis, y me permitió localizar cierto temor a lo que podría llegar a ser una transferencia negativa con mi paciente.

En la experiencia con la psicosis hay que tomar en cuenta los matices de la relación de transferencia, y lo que me pasaba es que estaba más pendiente de la neurosis que de la psicosis. Se me cayó el velo, me despojé de mi defensa y pude orientar el caso a modo de acoger lo que estaba en juego. Aprendí a no retroceder ante la psicosis defendiéndome con la teoría, a no cometer el error de considerarlo neurótico. Es muy conocida la frase de Lacan de “no retroceder ante la psicosis”, y para mí cobró sentido como efecto de ese caso. Mi encuentro con la psicosis no fue armonioso, en algo fue un desencuentro, y me enseñó que entre la teoría, la práctica y el análisis propio, siempre hay una separación ineludible. También eso es formación, ir articulando esas dimensiones, porque creer que eso avanza de manera armónica es una ilusión.

Es lo que sucede con la locura en general, existe en todos, en la clínica, en los practicantes, una tendencia a defenderse de lo hétero, de lo diferente.

No se trata solamente de una tendencia de los practicantes, sino de los seres hablantes en general. Se tiende a homogenizar, a normalizar, a querer más de lo mismo. Cuando uno se topa con lo hétero, lo diferente, siempre genera un poco de angustia en el practicante, que típicamente produce una reacción defensiva. Las defensas pueden ser desde el exceso de teorización, el forzamiento de la teoría, o el intento de transformar la práctica analítica en una técnica. Incluso, sustraerse del propio dispositivo, tratar de apresurar la conclusión y el efecto terapéutico. Lo singular siempre incomoda cuando uno está del lado de la normalidad. El discurso de la civilización es el de la normalidad.

Hay algo que a mí me llama mucho la atención, escuché recién que una neuropsicóloga dijo que a los locos no hay que escucharlos, que eso es trabajo de los psiquiatras y que un psicólogo nada tiene que hacer en el terreno de la psicosis en general. ¿Para qué escuchar a alguien que está delirando o alucinando? ¿Qué podrías decir de esa afirmación tan tajante y radical? Tiene relación con lo que mencionabas, que lo singular siempre incomoda cuando se está del lado de la normalidad…

En la Psicología y en la Psiquiatría la concepción general que se tiene de la psicosis es patologizante de la subjetividad. En cambio, si bien en psicoanálisis hablamos de psicopatología y es un recurso de formación, Lacan en su enseñanza hace una transición muy importante al final; esto es, no hacer de la psicosis una estructura deficitaria, sino un modo de funcionamiento y ahí ya hay una gran distinción. El psicótico no es un enfermo. El loco es el que muestra un arreglo muy singular con condiciones muy específicas, tal vez no hace uso del sentido común o de los puntos de referencia habituales, pero finalmente es un modo de funcionamiento. En cuanto a que no se debe escuchar a los locos, existe una gran diferencia con respecto de la escucha psicoanalítica. ¿Qué escucha la Psicología?, ¿qué escucha la Neurociencia?, ¿qué escucha la Psiquiatría y qué escucha el psicoanálisis? Para Lacan, el psicoanálisis es una lectura, no solamente una cuestión de escucha. Tal vez, lo que escucha el psicólogo es lo absurdo del delirio. A los analistas nos interesa la lógica del delirio y lo que eso escribe en términos del goce de ese cuerpo; qué es lo que puede perturbar a ese cuerpo que, en algunos casos, pueden ser modos de tramitación y funcionamiento que permitan que algo de ese goce esté lo suficientemente articulado, anudado a una forma de vivir no tan sufriente.

En Bolivia existe un sincretismo entre las prácticas chamánicas y la medicina tradicional. Obviamente, eso repercute en la práctica clínica. Los pacientes que llegan, las demandas de las familias están atravesados por ese sincretismo. Por ejemplo, recibimos pacientes que tienen transferencia con el chamán. ¿Cómo piensas la clínica en este contexto?

Como tú dices, cómo se juegan sus propias transferencias, creencias, códigos de funcionamiento y lógicas de lectura de las diferentes situaciones, de lo que se trata es de poder acoger algo de eso, de escuchar, de localizar la lógica que el sujeto le está dando a los diferentes discursos de los cuales se sirve. Así como están las cuestiones culturales, tradicionales, religiosas, míticas, habrá que ver cómo todo ese bagaje le puede servir a ese sujeto como punto de apoyo, de anclaje, de sentido y de orientación; o, en qué puntos habrá que trabajar para reducir el efecto intrusivo, mortificante, persecutorio de esos mismos discursos. Algunas de estas cuestiones míticas o religiosas pueden tener un efecto de anclaje, pero también pueden tener un efecto de intrusión, de mortificación. Ahí volvemos a la ética en el psicoanálisis. Si un sujeto tiene sus propias creencias, referencias, articulaciones de sentido, habrá que tenerlo en cuenta. Y en caso de que se localicen cuestiones que no favorecen anclajes más llevaderos, tormentosos, podría ser pertinente relativizar y matizar esos discursos que les dificulten un vivir más llevadero.

Me parece que lo importante de lo que planteas es que el psicoanálisis no rechaza esos discursos, sino que se puede servir de ellos o puede servir de apoyo para relativizar o matizar, en caso de que se vuelvan intrusivos o se viva como algo malo, según la lógica de cada caso.

Es el sujeto quien va a ir trabajando eso para sacárselo de encima, y el analista lo va a acompañar en ese recorrido. No es este último quien va a determinar qué le sirve y qué no le sirve. Eso se ve en el funcionamiento, en la lógica del propio de sujeto, en qué y cómo le afecta.

Y para terminar: ¿qué consejo darías a los analistas practicantes que tienen un gran interés en el campo de la psicosis y que están comenzando su práctica?

Primero, retomando los planteamientos de Lacan, no retroceder ante la psicosis. Pero eso no quiere decir aventurarse sin trabajar en la propia formación. Uno puede animarse a atender pacientes psicóticos y no retroceder ante ello en la medida en que se dan las condiciones para sostener el dispositivo analítico, para sostener la ética del psicoanálisis, prestar atención caso por caso. Ser un estudioso del psicoanálisis no alcanza para sostener el dispositivo clínico, ni con neurosis ni con psicosis. Tal vez en las neurosis puede pasar un poco desapercibido, justamente porque el neurótico tiene recursos y puntos de anclaje, a veces, un poco más estables; aunque se pueda presentar de una manera totalmente inversa: una fijación que obstaculice. Los practicantes del psicoanálisis y los que ya estamos metidos en el camino de la formación, la vida de Escuela, estamos advertidos de que en realidad no debemos ceder ante la psicosis pero a condición de no ceder en el deseo de formación, en la ética del dispositivo analítico y en el propio trabajo de análisis. Sólo en la medida en que uno tenga la experiencia y trabaje su propia relación con lo inconsciente y con el goce, puede acompañar a otros en sus arreglos singulares sin introducir como obstáculo a lo ideal y lo normalizado.

Diego Tirado

Diego Tirado 
Psicoanalista

Lorene Congrains Alaiza

Lorene Congrains Alaiza 
Psicoanalista. Referente inconsciente en Bolivia

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