Lomelí

Entrevista a Luis Felipe Lomelí

Por Paulo Neo

1- La aerolínea reprogramó su vuelo y tiene nueve horas de espera en el aeropuerto. La buena noticia es que ponen a su disposición la Biblioteca más surtida del planeta. ¿Qué leería?

No sé qué leería ahora, supongo que lo que tenga a la mano pues esos retrasos suelen ser en la noche cuando ya cerraron todas las tiendas del aeropuerto. La primera vez que me sucedió eso trabajaba de agente de ventas y leí los Doce cuentos peregrinos, de García Márquez. Cada que terminaba un cuento iba al mostrador de la aerolínea, ahora extinta, a ver si ya tenían noticias del vuelo. Los leí todos, por supuesto, pues fueron como nueve horas de retraso. Y después me puse a escribir porque ya no tenía qué leer.

Si hubiera una biblioteca, me iría a la sección de los libros de historia pues ahí suelen estar las historias más descabelladas, fantásticas y terroríficas.

2- ¿Qué le falta o le sobra a la obra de Luis Felipe Lomelí?

Todo. Creo que una de las maravillas de escribir es precisamente ésa: que me recuerda que soy alguien muy limitadito, alguien que carece de certezas, de métodos. Dicho de otra forma, cada que intento escribir sobre algo me doy cuenta de que no sé ni entiendo un carajo al respecto. Pero lo hago a ver si entiendo algo. Y luego, cuando creo que ya escribí justo lo que quería escribir, resulta que escribí otra cosa y ni cuenta me di. Así, siempre falta todo, siempre falta decir lo que uno quería decir y siempre sobra todo pues se dijeron otras cosas.

3- Un fetiche, una manía insoportable o una pequeña obsesión.

He intentado tener varias pero la vida se empeña en quitármelas en algún momento. Vaya, ni siquiera he podido mantener pequeñas obsesiones culinarias porque es bien pinche difícil, o caro, cenar quesadillas en Maputo o tomar café en Shanghái.

4- ¿Cuál es la mejor profesión del mundo?

Creo que ser ecólogo. Sí, ya sé que debe de estar del carajo trabajar quijotescamente en tratar de detener el colapso del planeta y que no sólo no te paren bola ni tus conocidos ni familiares sino que, además, se burlen de ti y te recuerden a cada rato que eres un fatalista exagerado y que deberías de aprender a disfrutar la vida (es decir, a contaminar a lo idiota) porque sólo se vive una vez. Pero, entre todos los gremios de profesionistas entre los que me ha tocado convivir (desde matemáticos e ingenieros hasta contadores y artistas plásticos) el gremio de los ecólogos me parece el más agradable, más relajado, más alegre, tal vez porque saben que están condenados al fracaso y no tienen este imperativo del éxito económico y profesional horadándoles las orejas todos los días.

5- ¿E-book o libro papel?

Hace como una década escribí un artículo al respecto. En resumen, creo que el e-book es una muy buena tecnología (que me habría permitido, por ejemplo, seguir leyendo otro libro en esa ocasión en que me quedé varado en el aeropuerto). Pero es fugaz, como todas las tecnologías electrónicas que requieren de un dispositivo para decodificar la información: si hubiera habido e-books en los noventa, cuando leí los Doce cuentos peregrinos, seguramente ese aparato ya no funcionaría ahora. En cambio, ese ejemplar del libro de García Márquez sigue por ahí y se sigue leyendo. Así, el papel continúa siendo la mejor tecnología posible para guardar y transmitir información.

6- ¿Qué libro nunca escribiría?

Una apología de la masacre, de esas que abundan en la literatura mundial.

7-¿Cuáles son los ritos al escribir o cómo describirías a tu proceso creativo?

No tengo ritos claros. Tal vez porque creo que eso implicaría una homogeneización: si siempre escribes de la misma forma -en el mismo lugar, oyendo la misma música, tomando lo mismo…- terminarás escribiendo lo mismo una y otra vez. Pero tal vez creo eso porque me parece que tener la posibilidad de seguir algún tipo de ritual es un lujo pues implica que todas tus necesidades económicas, por ejemplo, están satisfechas. De hecho, no puedo recordar a ningún escritor que haya podido seguir algún rito claro para escribir sin ser de clase alta. Creo que los que no nacimos ricos estamos felizmente acostumbrados a escribir dónde sea y cómo sea.

8-¿Alguna anécdota, propia o ajena, de ficción o realidad, que lo haya marcado?

Muchísimas. Tanto propias como ajenas. Algunas las he escrito y publicado (sobre la comunidad de mujeres desplazadas por la guerra, con quienes conviví hace años, y su imperiosa necesidad de ser felices, escribí en Cuaderno de flores), otras las he escrito y siguen inéditas (por ejemplo, un amigo que se salvó de ser asesinado por el ejército porque ese día se fue de pinta de la escuela a jugar al monte) y otras creo que nunca las voy a escribir porque suenan sumamente inverosímiles.

9- Un músico, una canción o una película.

Músico: Chico Buarque pues, como dice mi profe de portugués, si le iban a dar el Premio Nóbel de Literatura a un compositor, Buarque lo merecía más que cualquier otro.

Canción: Si no te hubieras ido, de su majestad el Buki, pues básicamente me ha acompañado a cada ciudad a la que voy; primero, por casualidad, porque sonaba ahí donde no me lo esperaba y, luego, por necedad, porque la cantaba o la ponía yo ahí donde era en verdad imposible que sonara (digamos, en Hsichu, Taiwán).

Película: Antes de la lluvia, dirigida por Milcho Manchevski, pues creo que muestra como pocas la forma en que cambian las prioridades morales y sociales de los ricos (que juran que no son ricos) y de aquellos que no lo son.

10- ¿Le parece que existe relación entre escritura y psicoanálisis?

Por supuesto, creo que Freud, Jung y Lacan han sido grandes prosistas de ficción; aunque Lacan ya es demasiado barroco para mi gusto y no tiene buen ritmo.

11- Puede ser otro por un día ¿quién y por qué?

Creo que Graça Machel, pues haber participado en la primera línea de lucha en pro del derrocamiento de dos sistemas represivos y racistas -primero, en Mozambique y, luego, en Sudáfrica- y además triunfar en ambos y empezar a construir una realidad más justa para millones de personas ha de ser algo, literalmente, inefable. Más aún, manteniendo esa calma, esa ecuanimidad y esa impecable capacidad de razonamiento que Machel muestra en cualquier sitio y cualquier diálogo.

Si pudiera escoger a alguien que ya ha fallecido, habría más opciones, entre los científicos: Lynn Margulis. Entre los aventureros y científicos: María Sybilla Merian. Entre los escritores: Nadine Gordimer. Etcétera.

12- Leer ¿te da alas?

La única vez que tomé esa cosa, esa bebida, me dio una taquicardia horrible. Los publicistas son unos genios. Al menos, a mí me lo parecen pues son capaces de hacer lo que ya no hacen la mayoría de los poetas: grabar sus palabras en nuestra memoria. Pero la metáfora es linda: volar, desplazarse ad libitum y de forma “segura” (entrecomillado, claro, porque a veces, las buenas veces, hay libros que lo trastocan a uno). Hoy en día, gracias a los avances tecnocientíficos, ciertamente es más fácil desplazarse en el espacio y volar a Medellín o a Luanda; pero leer sigue siendo la mejor tecnología que tenemos para viajar en el tiempo.

Luis Felipe Lomelí

Luis Felipe Lomelí 
Escritor

Paulo Neo

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