‘’De adolescente había leído ‘La interpretación de los sueños’ de Freud y me había apasionado. Mandatos familiares insistían que estudiara Medicina y así lo hice. Llegué hasta Unidad Hospitalaria en la Universidad de Buenos Aires y sin embargo, había algo de la Carrera que no me gustaba. Simultáneamente comencé a estudiar Psicología y no lo comento con mis padres puesto que tenían prejuicios infundados. Recuerdo que una Navidad les digo en la mesa familiar que estaba finalizar la Carrera, (ellos pensando siempre que finalizaba Medicina): cuando les digo que me estaba por recibir de Psicólogo, pensaban que era una broma o algo así. Sin embargo, terminaron aceptando mi decisión que también era consensuada con mi Psicólogo de entonces. Verdaderamente quedaron impactados. Mi padre me decía que se oponía por cuestiones económicas: pensaba que no iba a ganar dinero. Vivió lo suficiente para ver que se había equivocado y verme siempre feliz con lo que había elegido. Un día, luego de mi primera publicación, me confesó que yo había decidido acertadamente. Por eso lo de Medicina/Psicología hoy no es más que una anécdota”

 

Carlos Gustavo Motta nos cuenta sobre sus libros de psicoanálisis.

Uno sobre cine, otro sobre literatura y aquél que se encuentra en construcción, sobre filosofía.  

Nos regala, además, experiencias y reflexiones…

 

(*) Las películas que vio Lacan y aplicó al psicoanálisis es un libro de referencia que está articulado con el de Zizek, el de las películas en relación a Hitchcock, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock. El psicoanálisis y el cine no son sin la Literatura. Cuando finalicé el libro me dediqué a investigar la referencias de textos y  con una mirada más actual. Eso devino en mi último libro Freud y la literatura.

El libro comienza con los representantes de la Escuela de Frankfurt y una semblanza de la Viena de fin de siglo. Los padres de Freud tenían destinada una habitación exclusiva para él y sus libros, definiéndose como rata de biblioteca. Eso me pareció fantástico, el interés de la lectura y te diría hasta una posición autodidacta porque termina posteriormente aprendiendo español para leer al Don Quijote. Entonces no solamente hay un esfuerzo, hay una constancia que parece vital para cualquier investigación que uno decida emprender. Me pregunté desde un comienzo: ¿por qué se investiga? ¿Hacia dónde dirijo la investigación?

Mi Tesis Doctoral fue sobre la interrelación del Psicoanálisis y sida. Al recibirme no  había examen de residencia (práctica clínica rentada en hospitales) sino que casi todos hacíamos la  concurrencia (práctica clínica no rentada). Ingresé en la concurrencia en el hospital Muñiz. Te estoy hablando de 1987. Trabajando allí en el Servicio de Salud Mental a cargo del Dr. Aldo Imbriano me ubico en las salas 16 y 17 del Hospital: eran pacientes que directamente entraban al Muñiz y morían de sida. Pude ver los 128 primeros casos en el país. Cuando era un adolescente, en el año ’81, voy a Estados Unidos y me quedo viviendo allí un año. En todos los lugares que iba se hablaba de una ‘rara enfermedad’ que parecía que sólo atacaba a la comunidad gay. A mí me parecía un poco raro eso, no solamente porque ya estaba estudiando en la universidad sino que parecía extraño que una enfermedad eligiese un grupo de elección sexual. Hasta sonaba discriminador y me lo confirma la lectura del ensayo de Susan Sontag El cáncer y sus metáforas. Muy posteriormente escribe El sida y sus metáforas. En el campo lacaniano había solo dos psicoanalistas, Danielle Silvestre y  François Leguil, quienes son los primeros que se ocuparon de la problemática del sida con un artículo muy paradigmático que se llamó Psicoanalistas confrontados al sida. Ahí empieza mi  investigación dentro de la Escuela de la Orientación Lacaniana: el GRIPSI porque en ese momento no había departamento sino que era Grupo de Investigación en Psicoanálisis y Sida. Viajé nuevamente a Estados Unidos y en la ciudad de New York fui directamente a ONUSIDA. Solicité el auspicio en mis investigaciones y gentilmente me las brindaron. El grupo de investigación (hoy Departamento) se transformó en un semillero de profesionales que hoy en día se dedican a la temática. En 2007 salió publicada mi Tesis Doctoral sobre psicoanálisis y sida, que lleva tres ediciones consecutivas y ahora estoy trabajando en la Actualización de las investigaciones  de origen. Es cierto que a partir de mi Tesis comienzo con un estilo de escritura que prefiero que es el del ensayo. La presenté en la Universidad del Salvador. Ahí comienza un punto interesante en relación a lo que yo te menciono como constancia de la escritura. Son ensayos.

Hoy la investigación de Freud y la Literatura me llevó a otra investigación que la realizo con un grupo de colegas en el Centro de Estudios Superiores en Psicoanálisis y Psiquiatría, avalada por la Universidad del Salvador. Investigamos la Filosofía que representa a nuestra época, el siglo XXI, y que de alguna manera nutre al psicoanálisis hoy. Parto de la hipótesis de que Freud comienza a trabajar con Brentano. Lacan de alguna forma lo hace con Koveje sobre los estudios de Hegel y posteriormente refiere a Heidegger. Creo que hoy en día existen otros filósofos que representan a este siglo, algunos a esta corriente la llaman Nuevo Realismo. Este Nuevo Realismo, en líneas generales, tiene una consigna: El sujeto se construye sin otro. Es decir, sin nada. Como consecuencia, una de las variables es que la vida no vale nada. Sin importancia al otro. Lo ves todos los días y en todos lados, no sólo en la República Argentina. Creo que efectivamente el psicoanálisis tiene que dar respuestas y actualizarse un poco en esto. De no hacerlo, lo que observamos en los  trabajos que actualmente se presentan en diferentes Jornadas de todas las instituciones es que estamos muy sujetos a las citas: “Freud dijo una cosa, Lacan dijo otra, Miller dice otra cuestión”. Por supuesto uno va trabajando la cita, va construyendo un valor epistémico sobre la cita, pero también estamos muy sujetos a eso. Me parece que lo que provoca Freud y lo que provoca Lacan, y también por supuesto Miller y todos los discípulos, es una apertura a la cultura, al mundo. A veces estamos muy metidos con citas, como una especie de referencia a la letra que termina teniendo, a mi modo de ver, una mirada cuasi religiosa. Me parece que eso no alimenta al psicoanálisis sino que lo termina, a veces, agotando y podemos convertirnos en mediocres. Otro punto y esta vez dirigido a la clínica,  es que hay un lugar de sugestión donde lo que se quiere es la rapidez de una solución del síntoma en la consulta, consultas pautadas; sin lugar para la reflexión, ni mucho menos, para la serenidad. El psicoanálisis permite acceder al lugar de la reflexión, de la interrogación y luego de habitarlos. Esa reflexión está en el punto la interrogación personal y luego al despliegue de una pregunta. Efectivamente cuando uno habla de la serenidad no está hablando bajo una condición zen, sino que es la serenidad en relación a la propia felicidad. No hay que tenerle miedo a esa palabra. Pareciera que a veces el psicoanalista no nombra esa palabra. Freud, Lacan, la mencionan abiertamente. ¿Qué es lo que busca el psicoanálisis? Que uno sea feliz, sino ¿cuál sería la diferencia entre la cura analítica y la cura médica? Evidentemente tiene que a haber un significante nuevo.

Volver a la ficción que propone Freud con la lectura de estas obras que están en el libro Freud y la literatura, evidentemente permite transitar nuevas variables para otras personas. Hay autores que no están tan presentes. Se los cita mucho a Heine o a Schnitzler, o a Rilke y a Schiller. Efectivamente son autores que uno tiene referencia pero no lo que significaba, por ejemplo, Schnitzler para Freud; que prácticamente casi como con Nietzsche, Freud de él no quería leer nada. Ni de Nietzsche ni de Schnitzler, porque no quería influenciar su propia obra. Eso está escrito por Freud.

Sí hay influencia de autores a otros autores y que por una situación de lo inconfesable no dicen ‘esto yo lo tomé de fulano’. Hoy en día es cada vez más común. Queda como un hábito que no se confiesa. Por ejemplo, Freud confiesa en El Yo y el Ello que el Ello es una instancia que toma de Groddeck. Sin embargo, no llega a decir todo lo que toma de Groddeck. Te da la referencia, ‘Groddeck’. Si vos querés saber tenés que ir al libro. En ese sentido lo inconfesable, no llega a mostrar todo lo que toma del autor. ¿Pero quién no hace eso? Vos estás investigando sobre el objeto ‘a’ y toda esta cuestión de la falta, el ser, el vacío, etcétera, y lo vas trabajado a partir de otras referencias, que no tienen que ver muchas veces con el psicoanálisis.

Igualmente, nunca hay una idea absolutamente original. Está aquella teoría de los seis grados que dice que a veces si vos estás pensando en algo, hay otras seis personas que piensan lo mismo; cada uno con una particularidad diferente.

Tanto en el cine como en la literatura hay interpretación pero la interpretación tiene un límite. Estás leyendo , por ejemplo, En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, y ves la descripción fantástica que él hace de la ventana de su habitación; pero también no podés impedir recordar cómo era la ventana de tu habitación. Entonces empezás a establecer líneas asociativas que te conducen después a distintas interpretaciones. Igualmente, la interpretación tiene que coincidir en algún punto. Con esto quiero decir que si de esa ventana vos estás inventando otra cuestión que Proust no dijo, ya eso corre por tu cuenta. Hacerle decir a Proust algo que él no quiso escribir se trata de otra cosa. Las adaptaciones son en definitiva un desafío; le presentan al realizador un desafío. No quedás ajeno de tu propia fantasmática cuando hacés una adaptación pero intentás llevar el argumento lo más fidedigno posible a la letra del autor. Yo traté, cuando hice la adaptación de El Horla de Guy de Maupassant, llevarlo a lo que mostraba Guy de Maupassant, que era la locura del personaje. Es una pieza teatral que monté en el Auditorio de la Alianza Francesa y fue un verdadero éxito. Después sí, por supuesto, adapté que en vez de estar en una comarca en Francia, las imágenes filmadas eran de San Martín de los Andes. La obra tenía parte filmada, parte animada y parte actuada. Yo digo que la interpretación, en ocasiones, quiebra el espíritu del autor. Si vos mantenés el espíritu del autor podés establecer algún que otro punto de ficción pero no inventando algo nuevo sobre la obra, porque para mí ya se trataría de la apropiación de un material.

 

Iara Bianchi: Hasta ahora no fue necesario agregar las preguntas en el presente texto, ya que se encuentran en las respuestas. Por último, le pido un consejo a Carlos Gustavo, una transmisión de su experiencia para los que están realizando los primeros pasos como psicoanalistas.

-Viste como dice Lacan: los consejos están para no seguirlos. Entonces yo no sé si podría dar un consejo a tus lectores. Sí la sugerencia de que sean constantes, que no abandonen las cosas porque sí. Siempre, la persona que comienza su formación, va a confrontarse con distintos obstáculos. Generalmente son obstáculos imaginarios pero que tienen su consistencia como tal. Entonces: que sea constante; que evidentemente sí tiene que decidirse por una institución pero no por una institución porque sí, sino porque en la institución esa persona va a hacer lazo social y ese lazo social le va a permitir crecer como profesional y como persona. Desde ese lugar, creo que es importante, que una institución va a provocar que esa constancia dé como resultado un profesional sólido. Y por supuesto, que su propio análisis sea el lugar de lo didáctico. Ahí va a aprender la mayor parte de su saber analítico.

 

(*) texto desgrabado a la letra.

 

Si querés enterarte sobre el Seminario de Cine y psicoanálisis, hacé click aquí.

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