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FERNANDO ULLOA REVISITADO
PRIMERA PARTE

Introducción

En Buenos Aires, el 30 de mayo de 2008, falleció el médico psicoanalista Fernando Octavio Ulloa, maestro de muchas camadas de psicólogos y psicoanalistas, docente de la Universidad de Buenos Aires en donde se recibió de médico en el año 1950.  Trabajó por la salud de las instituciones y en el área de los derechos humanos, dando cuenta de un fuerte compromiso social. Fue colega y amigo de Enrique Pichón Rivière de quien fue discípulo en un primer momento, coincidiendo sobre todo en su apuesta por articular psicoanálisis y política.

Revisitar a Ulloa implica para nosotros, no solo un acercamiento a sus ideas y conceptos- especialmente aquellos los volcados en su libro “La novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica” y en algunas de sus numerosas publicaciones- sino seguir vivificando su propuesta de construir pensamiento y reflexión en forma conjunta con el lector, como destinatario de su trabajo orientado a la elucidación de las numerosidades sociales.

Acerca de Ulloa, en la voz de periodistas y psicoanalistas

“Fernando Ulloa es médico y psicoanalista y profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos.Aires desde 1960. Forma parte del grupo de analistas argentinos que, con un fuerte compromiso político -junto a Langer, Rodrigué, Pavlovsky, Kesselman y Bauleo, entre otros-, tuvieron forzosamente que transitar durante varios años de su vida por los caminos del exilio, en la década de los 70. Con más de cuarenta años de trabajo en psicoanálisis, psicología clínica, docencia e investigación, es uno de los referentes centrales en la formación de varias generaciones de psicólogos y psicólogas de nuestro país. Ha extendido la práctica psicoanalítica a instituciones, comunidades asistenciales, centros escolares y organizaciones  de derechos humanos, y es autor de varios libros y de más de doscientos artículos sobre su especialidad. En la actualidad investiga los dispositivos socioculturales de la ternura y la crueldad desde una perspectiva social y metapsicológica”. Luis Grieco, periodista [1].

“Fernando Ulloa ha marcado la cumbre del psicoanálisis argentino. Él mantuvo durante toda su vida una compaginación, excepcional, donde el psicoanálisis tuvo su lugar en lo individual, en las instituciones, en las grandes asambleas, en los grupos de trabajo. El más conocido de estos últimos fue Les Luthiers, a cuya coherencia contribuyó mucho el trabajo de Fernando; pero hubo muchos equipos de profesionales, médicos, abogados, ingenieros que se acercaron a él para examinar su propio funcionamiento. Pensando en un psicoanalista argentino de su nivel, desde luego podemos nombrar a Enrique Pichón Rivière, pero creo que, a lo largo del tiempo, Ulloa llegó a un mayor desarrollo práctico de sus ideas. Así sucedió en su trabajo en derechos humanos, con las Madres y las Abuelas”. Eduardo “Tato” Pavlovsky, médico psicoanalista, psicodramatista y autor teatral [2].

“Ninguna muerte se puede sumar a otra, pero en nuestro ambiente psicoanalítico en poco tiempo vivimos el deceso de Mauricio Goldemberg, Emilio Rodrigué, Armando Bauleo. Una noticia no dejó tiempo al duelo para que otra noticia vuelva a entristecer nuestra mirada. Y ahora le tocó el turno a nuestro queridísimo Fernando Ulloa. No hay rachas de muertes por más que parezca una maldita infección que no nos deja tiempo para duelar a uno y encontrarnos con el próximo. Lo que ocurre es que está muriendo una generación. Estaría tentado en decir la generación de nuestros padres, pero no lo siento así. No es así al menos para mí. Aún no. Es una generación que ha marcado a nuestros padres y a nosotros, un poco más jóvenes que tuvimos al menemismo como contexto “propiciatorio” de nuestra formación y al Proceso de Reorganización Nacional como tiempo de nuestra niñez”. Martín Smud, psicoanalista [3].

Ulloa ha escrito en su recorrido solo un libro “La novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica”. Su mayor producción se ha dado en escritos presentados en seminarios, jornadas, conferencias, incluso en su propia práctica como analista institucional. En relación a la transmisión de sus experiencias y la posible “mostración” de los fundamentos conceptuales, métodos y técnicas que conducen su quehacer, Ulloa plantea: “…Las conceptualizaciones de la práctica cotidiana, la atención ética como eje capacitador, tampoco ajena a la preocupación política que acompaña la actividad de todo aquel que asume su interés por la comunidad, favorecen y hasta determinan una suerte de edición hablada y práctica, a la postre responsable de cierta “fatiga” para la edición en libro. Esta situación facilita la producción de artículos de circunstancia, preparados para mesas redondas, congresos, seminarios, fichas universitarias, etc., todo lo que acrecienta aún más el sabor de lo repetido. No se me escapa que este texto pretenda salvar el obstáculo del que hablo recreando la ilusión de un sendero distinto…” [4]

Su relación con las instituciones psicoanalíticas

Ulloa apuesta a la reflexión crítica permanente, sobre todo en torno de su propia praxis como analista institucional y como psicoanalista. Esta posición lúcida frente a lo que se presenta como más instituido lo ha llevado, tanto a nivel teórico-clínico como a nivel político, a romper con lo que él denomina “ianos”, dogmatismos teóricos, así como también con las instituciones que intenten instalar sentidos únicos y coagulados, estaqueando de este modo la posibilidad de transformación. Es así como, por ejemplo, en 1970 protagoniza la ruptura con la institución psicoanalítica oficial, cuestión que marcó definitivamente su práctica ulterior. En alguna medida no ha dejado de ocuparse de dichas instituciones, pero nunca ha vuelto a integrar una de ellas, salvo en situaciones que mantienen un mínimo carácter instituido y un alto grado instrumental. Intenta sostenerse psicoanalista de modo “pertinente”. Apuesta a un “estar psicoanalista” y no a un “ser” como identidad.
Ulloa plantea: “Siempre me ha parecido opuesta a los procederes críticos y autocríticos asumirse “militante” de alguna posición psicoanalítica, defendiendo una pertenencia escolástica, en general sujeta a jefaturas transferenciales. Esto sin dejar de reconocer que un psicoanalista, más aún si está comprometido en una práctica social, es una persona no neutralizada en su condición política, como un aspecto constitutivo de su subjetividad” [5].

Acerca de “Novela Clínica Psicoanalítica”. Historial de una práctica

Este libro comenzó como una mirada psicoanalítica a la numerosidad social y, finalmente, terminó siendo la expresión de un estilo crítico forjado a través de diversas experiencias sociales, personales y del oficio.

El autor, de este modo, presenta el humor conjetural y la narración clínica como herederos de la novela familiar neurótica con que el niño ensaya su subjetividad, siendo indispensable el propio análisis -así como la teorización metapsicológica hecha aforismo o escritura- para oficiar la práctica en campos sociales donde se es convocado (o tolerado) pero no demandado en funciones interpretativas: la tragedia se supera así en drama, y la mortificación en cultura contemporánea.

NOTAS:

[1] Grieco, Luis.  Entredichos: Fernando Ulloa/ Luis Grieco (2004), Serie: Entredichos (XXXVII) Rev. Relaciones Edición en Internet Nº 87, Montevideo. Edición impresa Nº 231. Junio de 2004. http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0406/entredichos_articulo.htm

[2] Pavlovsky, Eduardo. “La cumbre del psicoanálisis argentino”,  Ceir, Revista electrónica de clínica e investigación relacional, 2-6-2008.

[3] Smud, Martín H. “Asi lo recordaré a Fernando Ulloa”,  El Sigma,  Junio 2008.

http://www.elsigma.com/historia-viva/asi-lo-recordare-a-fernando-ulloa/11726

[4] Ulloa, F. “Novela clínica Psicoanalítica. Historial de una práctica”. Ed.  Paidos, Bs. As., 1995, Pág. 154.

[5] Op. Cit. Pág. 160.

 

FERNANDO ULLOA REVISITADO
SEGUNDA PARTE (GLOSARIO ALFABÉTICO)

-Abstinencia 

Ulloa sostiene que la abstinencia es una estructura de demora y una regla ética, porque un analista no decide como debe curarse un paciente, sino que tiene el rol de “asumir la dirección de la cura sin marcar una dirección” [1].

-Acompañamiento corresponsable

Se propone a la institución que elija un grupo de corresponsables de investigación, quienes facilitarían y legalizarían aspectos prácticos de la operación. Los integrantes de este grupo son depositarios de la información de todo el proceso, favoreciendo el intercambio con el equipo interviniente: “una suerte de banco de prueba” [2].

– Aforismo

Para Ulloa es una figura discursiva de alto valor operacional para su práctica. Es una figura propia de la transmisión oral. Constituyen sentencias breves, elegantes y con fuerte carga semántica. Ej.: “Escucha mucho y habla lo oportuno”; “sella tus palabras con el silencio y el silencio con la oportunidad”; “la precipitación es resbaladiza”. Todo aforismo puede funcionar a semejanza de un recuerdo encubridor, que vela y a la vez “mojonea” un saber que amenaza.

– Amistad

Viene de amicus, palabra que aparece en el castellano entre los siglos X y XI. La etimología más importante, la que mejor representa la idea de la amistad es ‘amable’ y también ‘afable’” que designa aquel con “quien se puede hablar con expectativa de respuesta cordial y justa” [3]. Ulloa plantea que hay una estrecha relación entre la amistad y la práctica psicoanalítica. “‘Lo amigo’ es un factor fundamental en un proceso de propio análisis, cuando el rigor de la propia crítica no se degrada en inamistoso, hablar mal de sí, ni en piadosa permisividad”. “No se puede avanzar en la amistad, sobre todo en algunas formas, si no se avanza en la reconciliación con la historia personal” [4].

Tres ámbitos y sus respectivas modalidades de amistad:

  • Amistades íntimas: se identifica en un primer polo endogámico, propio de la familia y sus producciones; desde la ternura y sus suministros hasta el enamoramiento y sus intercambios. Da cuenta así de un “amor amigo dentro mismo de la actividad íntima y su despliegue sexual” [5]. Esta amistad remeda fraternidad y también los vínculos parento-filiales.
  • Amistades cotidianas o propiamente dichas: propuesta hacia la exogamia, en la comunidad. En este tipo de amistades prevalece el sentimiento solidario y la consideración mutua. Donde más sentido adquiere la solidaridad es en la palabra ‘afable’. La misma designa “la actitud amiga de alguien que predispone a ser hablado, con expectativa de atención, por un desconocido. Es que las amistades cotidianas son esencialmente afinidades del habla. Están facilitadas por el entendimiento que supone hablar o pensar en términos semejantes” [6].
  • Amistades extranjeras: Aquí prevalecen las diferencias. No se habla la misma lengua, ni hay demasiado intercambio de sustancias. Aquí lo que une es la diferencia, la amistad es solo un resultado. “Los amigos extranjeros se buscan en la distancia”.  Esta versión de la amistad es la más favorable de ‘lo amigo’ en un vínculo que se define legítimamente como un trabajo en la transferencia. Aquí prevalece la lealtad como pretensión.

– Baqueano

Según Ulloa “alude al hombre de ‘baquía’ como conocedor práctico del terreno y del oficio, pero que resalta un sentido más culto: el de resto de deuda. Se refiere al contingente que habiendo naufragado no pudo embarcar en otro navío repleto. El tiempo de espera de este resto, con el que se queda en deuda de rescate, hacía de ellos obligados baqueanos del territorio en que debían sobrevivir durante la espera, una experiencia que solía hacer oficio: el de baqueano de lo desconocido por explorar” [7].

– Cinco condiciones de la eficacia clínica

1) Capacidad de Predicción: Organizar las propias expectativas acerca de lo que va a ocurrir.  Supone una confrontación entre aquello que se pensaba que iba a ocurrir y lo acontecido. Tiene el valor de una medida clínica que nos ubica en lo que está ocurriendo, sin confundirnos ni desorganizarnos. No se trata de imprimir sus expectativas sobre el campo, sino hacer el ajuste entre lo que uno esperaba y aquello con lo que se encuentra.

2) Actitud no normativa: No quedar ubicado, respecto del paciente,  en una posición superyoica,  normativa. Esto permite no quedar atrapado por un diagnóstico prematuro, y dejar abierta la alternativa de una comprensión más abarcativa para evitar taponar toda posibilidad de acceso. Se trata de no pretender imponer teorías que opaquen o distorsionen el campo a explorar, sino de resignificar, de conceptualizar la práctica a partir de la teoría adquirida.

3) Contradicciones encontradas en el discurso: Puntos del discurso que en su contradicción abren hechos importantes en la lectura. Actitud abierta a advertir algún aspecto a interrogar en el discurso desde la contradicción que este decanta.

4) Definir el obstáculo por lo positivo: Por lo que resulta ser y no por lo que no es.

5) Vínculo entre la teoría y la práctica: Coherencia entre ser, decir y hacer.

– Crueldad

“En el proceso de la crueldad existe una tríada. Ese fetichismo que se ha organizado, esa reproducción de los valores que se han recibido y que se ve amenazado frente a lo distinto, frente al diferente, frente al negro, frente al judío, frente al comunista, frente al blanco, frente al semejante distinto y es ahí donde precisamente, aparece la tríada del conocimiento del cruel: que es la exclusión, el odio y la eliminación”. [8]

La crueldad es la contraparte de la ternura, teniendo como telón de fondo el horror de la cultura: la represión, la marginalización y el escándalo de la miseria.

Ulloa, en su actividad en el área de los Derechos Humanos, donde colaboró con el Movimiento Solidario de Salud Mental, en numerosos peritajes y supervisiones y con las Abuelas de Plaza de Mayo, considera la ternura como fundamental y como contraste y denuncia del horror represivo que configura una encerrona trágica y tiene un efecto siniestro.

– Cuatro momentos del proceso de un grupo operativo

1) Este primer momento refleja “la manera como cada uno va abandonando su actividad individual en el extra grupo, para pasar al proyecto común. Este pasaje, en cierta forma, de lo privado a lo público, se estructura según las motivaciones, estilos y momentos personales, y produce la habitual integración escalonada de las personas, origen de un aparente desorden en la disciplina de la convocación grupal” [9].

2) El segundo momento “en la dinámica de un grupo operativo es más ordenado; una situación típica la constituye el trabajo operativo posterior a una clase teórica, cuando se procura reconstruir, con los distintos aportes de lo que cada uno entendió o no entendió, el objeto conceptual que fue presentado” [10].

Ulloa apunta a que el grupo, al cabo de varias reuniones, pueda adquirir lo que el denominará veteranía colectiva. En una intervención institucional, implicaría reconstruir las diversas dimensiones de la demanda y de este modo arribar a un diagnóstico delimitando así el objeto de conocimiento y permitiendo configurar un nuevo campo de indagación que puede ser la base para establecer una ”refundación institucional”.

3)  El tercer momento ya es propiamente operativo, “ya que frente a la maqueta disciplinada, construida por la elaboración en conjunto, se trabaja la articulación personal de cada uno de los miembros, respetando las diferencias y los estilos, al mismo tiempo que se pone en juego la sumatoria de heterogeneidades como factor de la producción grupal veterana”. Agrega que este momento operativo es “esencialmente crítico y respetuoso de las subjetiviades singulares” [11].

4) El cuarto período “es breve como el inicial y con frecuencia también desordenado. Se intenta aquí realizar, en general con escaso éxito, una evaluación que sólo de tanto en tanto resulta satisfactoria”. Se debe a que “por efecto de la faz operativa del tercer momento, prevalecen la evaluaciones personales que dificultan el consenso” [12].

– Cuatro parámetros del encuadre clínico

  • Materialidad del campo, en el que se va a realizar la intervención, traducido en un clima
  • Proyecto principal de la institución, especificidad del mismo.
  • Teoría, metodología y proceder técnico en las operaciones que dicha institución realiza, que permiten dibujar la singularidad de ese campo.
  • Estilo personal de cada uno de los integrantes de la misma, en ese campo de trabajo.

– Cultura de la mortificación

Con esta nombra un matiz del sufrimiento social contemporáneo: “Cabe aquí hablar de cultura en sentido estricto, pues no ha desaparecido la producción de pensamiento ni el suficiente valor para resistir, bajo la forma de protesta que incluso puede animar alguna transgresión, enfrentando un estado de cosas que en el ámbito institucional de esa persona provoca sufrimiento”. “Le asigno al término mortificación, más que el obvio valor que lo liga a morir, el de mortecino, por falta de fuerza, apagado, sin viveza, en relación con un cuerpo agobiado por la astenia, cercano al viejo cuadro clínico de la neurastenia, incluido el valor popular de este último término como malhumor”. “Una vez que ella se ha instalado, insisto, el sujeto se encuentra coartado,  al borde de la supresión como individuo pensante”. “En estas condiciones disminuye y aún desaparece el accionar crítico y mucho más aún el de la autocrítica. En su lugar se instala una queja que nunca asume la categoría de protesta, como si el individuo se apoyara más en sus debilidades, para buscar la piedad de aquellos que lo oprimen” [13].

– Distinguidos


En aquellas comunidades muy caóticas existen estos personajes los distinguidos quienes, “no han zozobrado en el caos ambiental por preservar suficiente distancia que fácilmente muestra distinto su comportamiento. Una distancia que crea espacio para un potencial poder de convocación. No hay convocación en el encimamiento (…) Allí se distingue el trabajo de la propia crítica, sin que para ello sea necesaria la presencia de un analista, aunque es un hecho que esta presencia impulsa la producción autocrítica y, cosa más importante aún, permite que esa comunidad se apodere del valor que los distinguidos representan” [14].

– Empatía

La ternura se traduce como empatía. Garantiza el suministro.

La empatía clínicamente antecede a lo que se denomina frecuentemente intuición clínica; cierta condición que permite percibir y diagnosticar el sufrimiento y las causas de quien está al cuidado.

 

– Encerrona Trágica

Según Ulloa en la tortura, paradigma de la encerrona trágica, se organiza una situación de dos lugares, sin tercero de apelación.  Es toda situación en donde alguien,  para vivir,  trabajar,  recuperar la salud,  etc.,  depende de algo o de alguien que lo maltrata,  sin tomar en cuenta su situación de invalidez. La encerrona trágica es el factor etiopatogénico para un abordaje de la psicopatología social. Es un concepto extraído de su quehacer en el campo de los Derechos Humanos, principalmente referido a la tortura como situación límite, pues constituye uno de los pasos de la represión integral que organizaron en la región y en otras partes del mundo siniestras formas del Terrorismo de Estado. La encerrona se estructura en dos lugares: dominado y dominador. No hay tercero mediador a quien apelar, alguien que represente una ley que garantice la prevalencia del trato justo sobre el imperio de la brutalidad del más fuerte. En la encerrona trágica prevalece el “dolor psíquico”, un sufrimiento que se diferencia de la angustia por su infinitización, la desesperanza de que cambie la situación de dos lugares.

– Estructuras de demora

La estructura de demora se relaciona con algunos grandes temas psicoanalíticos, tales como la escucha, la atención libre flotante, la contratransferencia, es decir, aquel acontecer propio de la neurosis de transferencia, principalmente relacionado con la abstinencia concebida como una suerte de arte marcial, que no suprime el registro sino la acción inmediata; al hacerlo, logra trascender lo aparente y acceder a otro conocimiento.

– Etapas de un abordaje clínico institucional

Primera etapa: Atiende al esclarecimiento del pedido, y procura identificar cuales eran las motivaciones latentes, no necesariamente inconcientes, sino aquellas que con frecuencia eran eludidas y hasta ocultadas de forma explícita.

Segunda etapa: Si el primer paso abría razonables expectativas de éxito, sigue el diagnóstico no operacional. En esta etapa procuraba examinar, fuera del campo en que habría de trabajar, toda la información disponible; algo así como recorrer virtualmente y con imaginación observadora el universo de la institución. Este momento, dice Ulloa, es más bien complicado, ya que muchos de las conductas de fragmentación y no comunicación, que se dan entre los agentes de una institución se reproducen también en la comunidad clínica.

Tercera etapa: es la del diagnóstico operacional, que se corresponde a la operación misma y se presenta como menos anticipable. Siempre poner de manifiesto los procesos emocionales y su gestión es azaroso, es decir solo las aperturas, y en alguna medida, sus finales son modelizables pero no así sus desarrollos.

– Herramientas clínicas

Ulloa las describe como personales, domésticas y vocacionales: “Acreditan esa calidad en la medida en que constituyen un domicilio conceptual e ideológico, y aluden a la dignidad del domus, como lugar privilegiado de residencia”. Considera importante superar “…la tentación de la ritual y arbitraria repetición, que obstaculiza la vocación clínica por acceder a lo que subyace oscuro”[15].

– Ideología

Refiere al posicionamiento de una persona como sujeto social.

– Inteligencia psicoanalítica

Apunta al poder armar un equipo de trabajo, pensando y entendiendo de a dos o de a muchos.

– Interpretar

Según Ulloa, designa tres operaciones, cada una definida en función de las otras: un rol activo, una lectura de sentido y una formulación hablada o accionada de dicha lectura.

– Manicomialización

Para Ulloa, es la forma clínica terminal de la mortificación: “Con estas dos ideas, locura y maltrato, introduzco algo que en mi criterio configura un proceso central en la manicomialización, que podría ser formulado así: la locura promueve con frecuencia reacciones de maltrato y el maltrato incrementa el sufrimiento de la locura, incluso la psicosis”. “El encierro comienza por ser diagnóstico y pronóstico y termina manicomial”.“Este acontecer de la locura provocando maltrato, el que a su vez acrecienta la locura, es un hecho central en el proceso de manicomialización. Una sobredeterminación convergente que instaura la situación concreta, donde los locos inventan la conducta de los psiquiatras y éstos inventan a los locos; ningún espacio para la simbolización, ningún espacio lúdico para la creación de inteligencia, para el pensamiento crítico”.“Es en este sentido, que la mortificación, bajo su aspecto manicomial terminal o en las formas más leves que lo preceden, es el paradigma opuesto a la ternura” [16].

– Miramiento 

“Garantiza en el niño la gradual autonomía, y en el paciente su condición de sujeto autónomo, aún en condiciones de extrema invalidez y dependencia. El miramiento resulta así un valor fundamental en la ética clínica” [17].

– Niveles de análisis en el abordaje de una institución

Primer eje: Esta representado por una conducción clínica, una manera de ver, leer y procesar un campo definido como clínico por el modo de conducción y por sostener una producción crítica comunitaria. Al respecto dice Ulloa: “…me apoyaba en las cinco condiciones de eficacia clínica y en toda la experiencia extraída de las primeras asambleas de 1966. También en los cuatro parámetros de un encuadre y el juego dinámico al que se presta” [18].

Segundo eje: Se proponía asegurar una lectura e interpretación pertinentes desde el punto de vista psicoanalítico. Posteriormente, Ulloa, calificaría de intención aquel propósito, dando mayor lugar a la narración como alternativa de interpretación psicoanalítica, que dice lo que sucede sin señalar a una persona en particular.

Tercer eje: “Lo constituye lo institucional, en tanto no sólo se pretendía examinar los conflictos manifiestos como situación actual, sino sus orígenes en la historia de esa institución. Es importante enfatizar el ‘para que’ de ese acontecer sintomático, con la idea de ensayar desde ahí mejores soluciones, que no releven sólo el ‘porque’ genético del conflicto y su consiguiente tendencia regresiva. Este eje se corresponde bastante con los lineamientos de los grupos operativos, que procuran dibujar en común el problema, para luego desplegar la heterogeneidad de las personas frente a él”. [19] Lo cual se conecta con el concepto de seguridad psicológica.

– Numerosidad social

Se refiere a los seres humanos en sociedad, especialmente a los maltratados o destratados por las instituciones de las que son usuarios. Sostener un quehacer psicoanalítico en la numerosidad social implicará recortar como campo de su acción la clínica la pobreza, ya que es allí, en el escándalo de la marginalidad donde el sujeto aparece en situación de máxima emergencia.  Así salud mental, derechos humanos, ética son los tres pilares del abordaje clínico.

– Objetivo del análisis institucional

Procura capacitar, dando herramientas a quienes son destinatarios del asesoramiento, promoviendo el conocimiento de su propia institución y del tipo y significado de pertenencia que la misma tiene para cada sujeto.

– Proceder crítico del analista

El proceder crítico del psicoanalista, implica indagar y descubrir causas en el pasado que generan consecuencias en el futuro que suelen cuestionar dichas causas. Se instala en la grieta entre dos conocimientos, entre dos posiciones antitéticas.  Ulloa conjuga este proceder crítico del analista en lo que respecta a la práctica teórica, con la necesidad ética de la abstinencia en el dispositivo de la neurosis de transferencia. La abstinencia metodológica convive con la no neutralización del sujeto analista de modo dialéctico. El analista institucional es responsable de habilitar las condiciones que producirán la fluctuación entre juicio y circunstancias de producción de lo enjuiciado. Es árbitro de las diferentes posiciones en juego en la institución, sin por ello caer en la arbitrariedad.

– Puntos de  reparo

“Pondré especial atención en la paulatina organización de las principales herramientas, las más personales, que funcionan como puntos de reparo, facilitadores de lecturas semiológicas de una situación, que su aplicación ha tornado oportunidad clínica”. “La idea designa una posición metodológica que posibilita una lectura semiológica de una situación en tanto provee un punto reparado (protegido), desde  donde  reparar (observar) y conducir según una modalidad clínica, una situación capaz de adquirir tal calidad por la aplicación de esas herramientas”. Reparo, alude, a su vez, “a la reparación del daño que inflige el  sufrimiento” [20].

– Queja

“Se produce cuando alguien se enmascara de víctima, y realmente suele serlo, apelando a la piedad o a la comprensión del opresor. El quejoso no se apoya en los restos de su fuerza, sino en su acrecentada debilidad y desde ese disfraz, que suele exaltar lo que es cierto, espera secretamente los beneficios de la víctima. Recuperar el valor de la protesta y la transgresión latentes en la situación quejosa e infractora abre la posibilidad de restablecer algo del juicio crítico, que toma conciencia de las causas del sufrimiento. Ulloa propone tres pasajes: de la queja a la protesta, de la intimidación a la intimidad y de la  infracción a la transgresión, como un movimiento de una posición resistencial a una postura de producción” [21].

– Refundación institucional

Se realiza a partir del esclarecimiento del tipo singular de pertenencia a la institución de cada miembro, requiere de una eficaz conducción operativa para articular los aportes individuales con los fines colectivos.

– Regla de la pertinencia

Ulloa la considera como fundamento central de lo que el psicoanálisis tiene de arte, es decir, de técnica, vale tanto como la de abstinencia. Se requiere para este arte una clara posibilidad crítica, relacionada con criterio y con crisis, en sus netos significados de discernir, juzgar y decidir, con el riesgo propio de toda crisis en tanto oportunidad y peligro de perderla. Es importante que un analista no sea impertinente, es decir, inoportuno, exponiéndose al peligro de perder la ocasión y caer en el baluarte de la ortodoxia.

– Renegación

“Es un mecanismo patógeno frecuente en la situación quejosa. Implica la operación de negar que se está negando, manteniendo así alejado de la conciencia aquello que amenaza filtrarse desde la queja. Es por esta renegación que lo repudiado retorna como malestar quejoso. El analista institucional crítico identifica este mecanismo que opera desde la doble negación positiva, revalorizando la utopía” [22].

– Seguridad psicológica o seguridad psíquica

“Este concepto apunta a no cristalizar roles fijos en víctimas torpes o líderes hábiles. Sin este requisito no hay conceptualización de lo cotidiano ni confrontación útil de las diferencias” [23].
Se conecta con lo que dice Ulloa acerca de analizar un síntoma institucional sin focalizarlo en una persona en particular.

– Síndrome de Violentación Institucional

La constitución de toda cultura institucional supone cierta violentación legítimamente acordada, cuando esta violentación se hace arbitraria en grados y orígenes diferentes,  se configura el SVI.  Las personas que conviven con esta violentación verán afectados la modalidad y el sentido de su trabajo:

  • Empieza a perder funcionalidad vocacional.
  • Los síntomas cobran el valor de normalidad.
  • Se pierde la eficacia responsable y la habilidad creativa.
  • En tales condiciones es difícil que alguien a cargo de un paciente pueda considerar su singularidad.
  • Una de sus consecuencias es el autoritarismo.
  • Se presenta una fragmentación en el entendimiento y la comunicación.

“Un mecanismo prevaleciente en esta situación es la renegación,  repudio que impide advertir las condiciones contextuales en las que se vive. Las neurosis actuales permiten entender la patología institucional.  El grupo de mayor presencia en la institución comienza a desarrollar un comportamiento semejante a lo que Freud describió como neurosis actuales (desgano, falta de interés e investimento libidinal,  hipocondría,  depresión). El analista debe evitar quedar atrapado en las neurosis actuales y desarrollar él mismo un comportamiento semejante” [24].

– Ternura

Es el primer elemento que hace del sujeto, sujeto social, porque es un dispositivo social. Hay una coartación del fin último pulsional, como sostiene Freud, que crea una precaria condición de sublimación en la madre, no en el niño y esta sublimación se traduce en dos cosas: “en la empatía, donde la madre sabe porque llora el niño y garantiza el suministro, y en el miramiento,  que garantiza la gradual autonomía del sujeto”. Los suministros de la ternura son tres: “el abrigo para los rigores de la intemperie, el alimento para los del hambre y el buen trato, el trato según arte” [25].

– Tragedia en las prácticas sociales del psicoanálisis

Ulloa la concibe como un factor epidemiológico habitual en cualquier ámbito social donde juega lo establecido (instituido) y lo cambiante (instituyente) sobre todo cuando lo primero asume la rigidez cultural propia de la mortificación, coarta a los sujetos y lleva a la encerrona trágica, sin tercero de apelación. Se intentará en un análisis institucional dramatizar la tragedia, incluso convocando a lo cómico, como herramienta posible.

– Tres etapas o edades del oficio clínico

(Proceso de capacitación  profesional)

1) Etapa del noviciado: Son los primeros pasos en el recorrido hacia la adquisición de una experiencia profesional.  Por sostenerse desde su inexperiencia,  el sujeto se identifica con maestros y modelos vivientes.

2) Período de los amores teóricos: Se accede si se escapa al efecto de la identificación.  Se comienza a crear un estilo.  En esta etapa el sujeto se abre a la lectura,  a la bibliografía,  acuñando además las propias conceptualizaciones.

3) Período desierto: En determinado momento el sujeto entra en crisis con lo que hace.  Comienza a recorrer su propia historia,  sus memorias,  sus huellas y cobra importancia el propio análisis.  De ese desierto se vuelve cambiado.

– Tres graduaciones de la obscenidad

“Lo fatal como muerte desnuda; lo siniestro por efecto del acostumbramiento renegador, y esta palabra algo curiosa, morbígeno, que pareciera remitir a lo indecente, falta de transparencia donde a la mortificación sufriente, se suma lo mortecino, por apagado. Esas tres graduaciones van de mayor a menor; la obscenidad de la muerte en cuanto fatal, lidera la situación de la obscenidad, sobre todo cuando se secretea la intimidación que produce la fatalidad. Además cuando se naturaliza esta situación, zozobrando a la costumbre, aparece lo siniestro. Estamos hablando no tanto de las víctimas de la muerte, sino de los posibles testigos de la situación que conviven, tal vez en connivencia, con ese ocultamiento. Las consecuencias de ese repudio renegador es el efecto siniestro, que marca, por ejemplo, la diferencia entre operar, cuando se puede operar, con chicos, muy chicos, que han sufrido la experiencia traumática del apoderamiento, en la cual el efecto siniestro ya ha establecido una estructura recusatoria propicia al olvido indecente, a lo no transparente. Las cosas son más favorables cuando más temprano se opera. Frente a ese cuadro de atrocidad o de muerte desnuda, muerte obscena, hay una situación ligada a la crueldad, que me parece particularmente importante y es lo que acabo de llamar la connivencia. Connivencia quiere decir ojos cerrados: cuando frente a la obscenidad se cierran los ojos como una defensa muy estúpida y riesgosa, o incluso hay un guiño cómplice, que es otro sentido de la connivencia, que ya no se limita a dejar de ver: en el guiño hay una participación activa en el acto cruel. La obscenidad del poder, que desnuda al excluido, poniendo al más indefenso ante los rigores de la naturaleza y de la cultura, en el umbral de una vida que se pierde, esclavos sin escapes en el reino de las necesidades, demanda a la par distintos grados de inclusión social, con sectores autoritarios y otros simplemente conformistas que pretenden excluirse de su responsabilidad, obturando su conciencia. Lo paradójico es que así finalmente se autoexcluyen –por espanto– de los vínculos de una vida social plena”.  [26]

– Variaciones del “estar afectado” 

Implica:

  • Estar afectado por vocación a un determinado campo de trabajo
  • Resonancia empática necesaria para la clínica o contagio.
  • Estar sujetado a un trabajo y a las condiciones necesarias y adecuadas para llevar adelante un cometido clínico.

Existe siempre una tensión, que clínicamente es útil, entre el nivel colectivo
donde se orquesta el quehacer institucional, y lo procesado por cada sujeto
en su propio análisis, siendo esto imprescindible para cualquiera que se instituya como analista. Es fundamental para el oficio en tanto práctica clínica crítica. “La descolocación es la base del propio análisis en tanto va armando un dispositivo de conciencia apto para que nos sorprenda, con eficacia interpretativa, la palabra del otro y aún la propia” [27]

– Utopía

Operación clínica que  implica una “acción develadora actual”, que pone en juego todos los recursos disponibles para que lo nuevo advenga. A esto contribuye también la “autogestión” que junto a la “utopía”  son dos requisitos valiosos de la actividad crítica. La utopía se expresa en un negarse a aceptar aquello que niega las causas más arbitrarias de los sufrimientos individuales o colectivos. Se opone así a la renegación.

 Luciana Chairo y Leonel Sicardi
Publicado en EL PSICOANALÍTICO
Parte 1 Parte 2

[1] Ulloa, F. “Novela clínica Psicoanalítica. Historial de una práctica”.  Ed.  Paidós, Bs. As., 1995, Pág 110.

[2] Op. cit. Pág. 96.

[3] Op. cit Pág 273.

[4] Op. cit Pág. 274.

[5] Op. cit Pág. 287.

[6] Opc. cit. Pág. Pág. 289.

[7] Op. cit Pág. 43.

[8] Ulloa, F. “Desamparo y creación”. El Psitio, Portal de Psicología, 30/10/2009.

[9] Ulloa, F. “Novela clínica Psicoanalítica. Historial de una práctica”. Ed. Paidós, Bs. As., 1995,  Pág. 81.

[10] Op. Cit Pág. 82.

[11] Op. Cit Pág. 83.

[12] Op. Cit Pág. 83.

[13] Op. Cit Pág 240.

[14] Op. Cit Pág 213-214.

[15] Op. Cit Pág. 38.

[16] Op. Cit Pág. 243.

[17] Op. Cit Pág. 103.

[18] Op. Cit Pág.87.

[19] Op. Cit Pág.88.

[20] Op. Cit Pág.33.

[21] Op. Cit Pág.72.

[22] Op. Cit. Pág. 249.

[23] Op. Cit. Pág. 73.

[24] Op. Cit. Pág. 248-249.

[25] Ulloa, F. “Desamparo y creación”. El Psitio, Portal de Psicología, 30/10/2009.

[26] Zito Lema, Vicente y Kazi, Gregorio. “La obscenidad del poder, la ternura de los piqueteros”. Reportaje a Fernando Ulloa, Página12, suplemento de Madres, Septiembre 2001.

[27] Ulloa, F. “Novela clínica Psicoanalítica. Historial de una práctica”. Ed.  Paidós, Bs. As, 1995, Pág 217.

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