El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización. Gracias a la cultura hay civilización. Aquí, es cuestión de dejarse llevar y de hacer propio lo leído, lo visto, lo escuchado. Sentir, percibir con la intuición, dejarse encantar por lo bello de la materia, la imagen, el sonido… e incluso por lo indignante, aborrecible, obsceno, seductor, embriagador, horroroso, ¡fascinante!… Todo ello acontece en la vida y en simultáneo. Entre la crítica y la capacidad de sorpresa se vislumbran los artistas, los intelectuales, los científicos… brindando disparadores al infinito; ya que el deseo es inmortal, ¡pero nosotros no!
Se sabe que el seminario "de" Lacan no sería tan "de" Lacan. Mi propuesta es detenernos a pensar un poco sobre ello, sacar el tema del silencio y hacerlo objeto de análisis.
¿Qué es lo que hace atrayentes a estas historias de amor y muerte cuyo final es siempre el mismo? ¿Se puede hablar de suicidio? ¿Buscan los amantes la muerte o buscan la eternización de su amor, [...]