“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.”

UMBRALES. Trabajos psicoanalíticos

Libro de Élida Ester Fernández.

Los pilares temáticos que sostienen Umbrales son la práctica psicoanalítica y hospitalaria, el problema de la transmisión y el malestar socio-cultural.

Umbral nombra el escalón o el movimiento inicial de algo, puerta de entrada, de acceso…

Para quienes conocemos o hemos leído a Elida, no resulta una sorpresa su posición antidogmática, de incesante interrogación en la teoría y en la clínica y, de exposición y cuestionamiento permanente de su práctica.

Pero hay aquí además un modo de exposición, de implicación de quien dice en lo que dice, que tiene la inmediata consecuencia, para el lector, de ser tocado, aludido, implicado en su propia posición en su propio recorrido en su propia experiencia.

Es por eso que en la dedicatoria a los jóvenes profesionales en formación (que le importan, que son sus interlocutores) el libro adquiere el sentido anticipatorio del relato y la provisión de recursos indispensable, pero además alude a los que ya no somos tan jóvenes a partir del valor del intercambio de experiencias que se produce en la lectura y que nos permite pensar o repensar las situaciones en las que nos hemos encontrado y nos encontramos en lo cotidiano de la clínica y, sobre todo, del hospital.

Al leer el título, inmediatamente me vino la imagen del Tori, porque Tori es un umbral en forma de arco, una entrada que se encuentra en el acceso de los templos sintoístas de Japón marcando una frontera entre el adentro y afuera. Se trata de un elemento fundamental de la cultura japonesa que tiene presencia en todo el territorio japonés pero en Kioto, una de las ciudades más antiguas de Japón, en el templo Fushimi, es tal la cantidad de Toris, uno seguido del otro, que en tamaño real semblantean un pasaje infinito trepando a lo largo de la montaña. En esencia, el Tori es un umbral en el que se pone en juego pasar y entrar. Precisamente, Umbrales genera un efecto de continuidad y es por esto que el libro no solo convoca a jóvenes profesionales sino que también nos alcanza a los que tenemos años en la práctica psicoanalítica habida cuenta que no cesamos de pasar umbrales.

Los Umbrales, como los Toris, cuando son numerosos forman auténticos caminos, senderos que en el libro de Élida Fernández pasan por diversos temas, tales como superyó, síntoma, cuerpo, sexuación, clínica hospitalaria, el lugar del analista, las coordenadas del dispositivo analítico, el mal, la descomposición del tejido social y político de algunos momentos históricos de nuestro país. Como afirma con acierto Clara Azaretto en el prólogo, se trata de temáticas planteadas desde la experiencia, que valoramos por la riqueza de sus problematizaciones.

 “Para muchos de mi generación el encuentro con Lacan no puede ser rastreado sin hacer intervenir el marco sociopolítico del país en la década del 60”, dice en el primer capítulo de Homenaje a Lacan, y agrega acerca del efecto de este encuentro:

Cambiábamos de analista, de supervisor, de coordinador de grupo, cambiábamos nuestra cabeza y no sin dolor, no sin angustia.”

La historia avanza hasta nuestras experiencias más recientes. Hoy tenemos, dice, en 2012, la ley 448 que no se aplica. Aun hoy, acotemos, sigue sin aplicarse. Los psicólogos continúan excluidos de los cargos de conducción y, si bien hay algunos avances y se logran en ese sentido algunos triunfos, esto continúa siendo una reivindicación aún escamoteada. No la única por supuesto.

Enfatiza que si bien son los psicoanalistas quienes han tenido un peso en el trazado de la clínica en los establecimientos hospitalarios, en cierto medio psicoanalítico la Salud Mental no goza de prestigio.

En la época de los años sesenta “para ser un profesional de excelencia había que tener práctica hospitalaria. Esta era una perspectiva ideológica predominante donde uno tenía que devolverle al pueblo lo que había estudiado en una universidad estatal.”

En “Tour a la Torre de Babel”, describe esa Babel en que deviene el encuentro entre el discurso del psicoanálisis y el del hospital, fructífera para ambos, posibilidad clara de la creación a condición, claro está, de que nadie quiera convertir su lengua en única.

“La principal resistencia parte del psicoanálisis mismo. De los psicoanalistas. Si queremos hacer entrar por las ventanas del hospital el diván y el sillón, si queremos hacerle la escansión al señor, señora que vienen porque los manda el clínico

“Mejor aunar fuerzas y observar cada uno desde su posición, psiquiatras y psicólogos, al que viene a pedirnos “auxilio”, al que consulta. Armar equipos multidisciplinarios. Para nuestro propio “auxilio” están los espacios de supervisión, de aprendizaje, de mateadas, de charlas de pasillos entre colegas. Y el propio análisis.”  

“La de-formación más brutal del psicoanalista es la búsqueda de Dios y la creencia de haberlo encontrado en los textos que se vuelven así sagrados….

“Si la misión es dar fe de lo dicho por el maestro, olvida que quien lo consulta sufre, padece.”

Es más fácil que este “olvido” del dolor que trae el que consulta, se produzca en un profesional que nunca atravesó los pasillos inhóspitos de un hospital psiquiátrico o centro de salud mental.

“En todos estos conflictos muchos de los psicoanalistas, psicólogos, terapeutas, psiquiatras, que trabajan en estas instituciones públicas han tomado no sólo la palabra sino la acción: marchas, protestas, apelación a la justicia, denuncias, publicaciones y congresos donde el tema no sólo es debatido, sino que en muchas instituciones la intervención es resistida por el grueso de los profesionales.”

“¿Los psicoanalistas dejaron de lado la abstinencia?”

“El tratamiento de las psicosis es posible, a veces. Otras, imposible, sólo lo sabemos luego de intentarlo.”

“Creo que muchos silencios de muerte y mortíferos se han sostenido como manera de no correr ningún riesgo, corriendo así el peor: que no haya análisis, sin que esto se sancione como interrupción o terminación, o impotencia y límite del analista.

“Solamente el silencio pensado como regazo de la palabra es silencio precursor.”

“Quiero pensar desde la literatura, que siempre intenta poner palabras a lo indecible y en el chispazo de lo poético que logra que las ventanas se abran.”

Y aquí empieza el desfile y construirá un diálogo conceptual, en el que  Joyce, Duras, o Schreber dialogarán con Lacan, Klein Bion. Los diálogos fecundos se expanden. Así después de aproximar a Dante con Badiou recurre al arbitraje de Saramago,  mientras Nietzsche y Freud reciben la apoyatura de Dostoievski y Visconti.

El valor literario de su escritura, le facilita la  creación de una atmósfera que permite, a los que vivimos esos momentos transportarnos sin dificultad y a los que no estuvieron hacerse una cabal idea de lo acontecido.

“…saber que las cartas no marcan un destino, sino que lo que importa es cómo las juegue cada uno y saber también que hasta con malas cartas se puede salir airoso del juego.”

Si como dice Élida, la escritura remite a un autor, este libro no guardará grave silencio, será la palabra, la presencia, la mano tendida, indispensable para hacernos acompañar en cada uno de los umbrales que nos toque atravesar.

Texto recortado y articulado, tomando citas de Élida Fernández y extractos de las presentaciones del libro Umbrales, realizadas por Alberto Fernández y Paula Totah.

Élida Ester Fernández

Élida Ester Fernández 
Psicoanalista

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