La noche del 18 de junio de 1967 Jimi Hendrix quemó su guitarra en pleno concierto, dejando para la historia uno de los momentos icónicos del rock.

Esa noche fue memorable por varias razones ya que la actuación le abrió las puertas del mercado estadounidense, lo catapultó a la fama y su figura empapeló los dormitorios de los adolescentes de varias generaciones. Pero aquella vez también se dio un hecho curioso: libró una batalla de egos con Pete Townshend, guitarrista de The Who.

Cabe aclarar que esta no fue la primera vez que Hendrix quemaba una guitarra en público. Ya lo había hecho algunos meses atrás, durante un show en Londres. No hay registros fílmicos ni fotográficos del momento y sólo tuvo por testigos a los espectadores presentes.

James Marshall Hendrix nació en noviembre de 1942 en Seattle, Estados Unidos, en el marco de una familia disfuncional. Con padres adictos al alcohol y varios de sus hermanos entregados en adopción, no es difícil pensar en una infancia dura, en la que conoció el hambre y el frío recorriendo las calles de su ciudad.

Cuando le pidió al padre una guitarra, éste le regaló un ukulele de una cuerda que encontró en una venta de garaje. Así y todo, el joven Hendrix se las rebuscaba para sacarle sonido.

A los 12 años compró su primera guitarra acústica por 5 dólares, la que le sirvió para poder tocar junto a otros chicos. Pero el sonido era malo y opacado por el resto de los instrumentos. Por fin su padre le regaló su primera guitarra eléctrica, una Supro Ozark blanca para diestros, que tuvo que adaptar ya que él era zurdo. Aprender a tocarla no le resultó difícil, era puro talento y jamás tuvo que tomar clases.

En 1961 ingresó al ejército como consecuencia de haber sido encontrado con un auto robado. En aquel entonces, ante ciertos delitos, el acusado tenía la opción de elegir entre el servicio militar y la cárcel. Sin pensarlo demasiado optó por el ejército donde ingresó a la división de paracaidismo. Pero lo cierto es que a Hendrix le importaba poco y nada estar allí y al año siguiente consiguió licenciarse.

Se cuenta que, para lograrlo, el músico argumentó ante sus superiores ser homosexual y estar enamorado de un compañero de batallón. Algunos incluso agregan que también comentó ser adicto a la masturbación.

Una versión de la historia plantea que para el ejército de entonces tener a un afroamericano homosexual era demasiado, por lo que, ante la duda, era mejor dejarlo ir. Esto nunca se supo a ciencia cierta ya que la baja firmada por los oficiales alegaba problemas físicos con un tobillo lastimado por sus saltos en paracaídas.

En 1963 se instaló en Clarksville, Tennessee, zona geográfica fundamental del blues y el rock. Allí actuó mucho, se codeó con grandes de la música sureña y aprendió algunos trucos sobre el escenario como tocar con los dientes o con la guitarra sobre su espalda.

La idea de hacerlo me vino en Tennessee, allí tienes que saber tocar con los dientes o te pegan un tiro. Hay un rastro de dientes rotos por todo el escenario.

En 1964 consideró que Tennessee le quedaba chico y se mudó a Harlem. Formó diferentes grupos, pero no duraba en ninguno. Al parecer no era fácil trabajar con él por sus continuos caprichos y su particular sentido de la puntualidad. Algunos músicos no tomaban con humor su modo de tocar y, tal vez sintiéndose eclipsados por su figura, se alejaban.

En una de las tantas presentaciones con su banda de turno lo escuchó la novia de Keith Richards (fundador y guitarrista de los Rolling Stones) quien, hipnotizada por la música y sus movimientos sobre el escenario, lo presentó al manager de la banda. Pero fue Chas Chandler (integrante de The Animals) quien se interesó en él y lo llevó a Londres.

Podría decirse que allí logró iniciar lo más parecido a la carrera que deseaba. Su manager le consiguió músicos que lo acompañaran y así nació The Experience, el conjunto con el que pudo desplegar todo su virtuosismo.

En 1967 Paul McCartney lo recomendó para el “Monterrey pop festival”, un festival de tres días realizarse en California con presencias como la de Otis Redding, Janis Joplin y The Who. Hendrix gozaba de cierto reconocimiento en Inglaterra, pero no pasaba lo mismo en su tierra natal. Ese concierto le abriría las puertas a la posteridad.

Brian Jones, fundador de los Rolling Stones y amigo del guitarrista, formó parte de la organización del show e incluso lo presentó antes de su actuación. Hendrix era único y tenía el apoyo y admiración de todos sus colegas… o de casi todos.

Esa noche compartiría fecha con la banda inglesa The Who, con la que tenía alguna rivalidad. Su guitarrista, Pete Townshend, se había convertido en el primer músico en romper su guitarra durante un concierto, espectáculo tan novedoso como sin sentido pero que a la gente le gustaba. Claro que había algunos que no entendían la gracia y seguramente pensaban que el destrozo de un instrumento por parte de un músico era equiparable a que un automovilista estrelle su auto a propósito o que un boxeador se propine una paliza a sí mismo. Puntos de vista… Lo cierto es que Pete Townshend creó una institución al respecto. Rompió su primera guitarra a mediados de los sesentas y fue una revolución. Muchos músicos comenzaron a imitarlo, entre ellos Jimi Hendrix. Esto disgustó al inglés.

La noche del 18 de junio Hendrix y Townshend se encontraron cara a cara y discutieron por ver quien cerraría el festival. Ninguno quería presentarse después que el otro. Claro, quién tocara en primer lugar rompería los instrumentos y no le permitiría al otro hacer lo mismo. Al parecer el backstage fue una batalla campal de argumentos entre ambos hasta que alguien propuso lanzar una moneda al aire. Finalmente, The Who se presentaría primero haciendo un destrozo de aquellos, de guitarras y amplificadores, que dejó al público boquiabierto.

Cuando llegó el turno de Hendrix, llevó a cabo su show con una impecable técnica que llamó la atención de todos. Tocó la guitarra de espaldas, con los dientes, y realizó sus movimientos sexuales característicos. Estaba claro que se trataba de uno de los músicos del momento.

Pero faltaba la frutilla del postre. Durante el último tema dejó la guitarra en el suelo y mientras bailaba echó líquido inflamable sobre ella. Encendió un fósforo y lo dejó caer sobre el instrumento que comenzó a arder en llamas.

Se arrodilló, bailó, elevó los brazos a modo de ritual y sorprendió al mundo. Era toda una novedad.

Cuando rompí mi guitarra fue como un sacrificio, porque uno sacrifica lo que más ama.

Al mismo tiempo, tras bambalinas, Pete Townshend miraba sin poder creer lo que sucedía sobre el escenario.

“¿Cómo no se te ocurrió a ti?”, preguntaron sus compañeros de banda. Pete aceptó la derrota en silencio.

Hendrix dejó que las llamas crecieran hasta que decidió tomar la guitarra y estrellarla contra el piso. Los pedazos de madera volaron por todos lados y el público deliró.

Quiero hacer una música tan perfecta que se filtre a través del cuerpo y sea capaz de curar cualquier enfermedad.

Lamentablemente la carrera de Hendrix fue corta pero le alcanzó para grabar tres discos de estudio, presentarse en una infinidad de conciertos y giras y ser reconocido en el mundo entero.

Todo en exceso: también las drogas, el desfile constante de mujeres por su vida, posibles hijos no reconocidos.

En 1970 su novia lo encontró muerto en la cama. Los médicos determinaron su muerte como consecuencia de una sobredosis. Tenía 27 años de edad y menos de diez de carrera que le bastaron para ser considerado como uno de los mejores guitarristas de la historia, o tal vez el mejor.

Escrito por Pablo Reda

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