Los primeros años de la infancia del poeta transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino. Cursó el bachillerato primero en Almería y luego, tras una enfermedad, en Granada. Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con el prestigioso compositor Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.

En 1919 se instaló en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Antonio Machado, y entabló amistad con poetas de su generación y artistas como el futuro cineasta Luis Buñuel o el pintor catalán Salvador Dalí. En este ambiente de ebullición cultural brillaría pronto el magnetismo de la arrolladora personalidad de Federico García Lorca, cuya perenne simpatía y vitalidad encubría un íntimo malestar que sólo su obra dejaría entrever. Sus polifacéticos intereses lo llevaron a dedicarse con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y al dibujo, y empezó a interesarse por el teatro, aunque su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, no tuvo repercusión.

Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, García Lorca escribió una obra inspirada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado en el que se percibe claramente lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta. Tal orientación llegó a su plena madurez con el Romancero gitano (1928), que obtuvo un éxito inmediato. En el Romancero gitano se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino.

Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad dejó en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicado póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores poemarios dejan paso en esta obra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la personal poética de Lorca.

De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por la escena, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y a un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, aunque con reseñables excepciones: el Diván de Tamarit, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y los Seis poemas gallegos; y trabajó en diversos proyectos que quedaron en su mayor parte incompletos y que sólo póstumamente verían la luz, entre ellos los impresionantes Sonetos del amor oscuro, inconclusa colección de alta tensión erótica.

En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. El reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, del poemario Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid del drama patriótico Mariana Pineda, basado en la heroína histórica que casi cien años antes, bajo el exacerbado absolutismo de Fernando VII, había sido condenada a muerte por bordar en una bandera una inscripción liberal.

Concluye La Casa de Bernarda Alba en 1936, pero no será representada hasta 1945 en Buenos Aires, y participa en un homenaje a Luis Cernuda. Es en 1936, el 13 de julio, cuando José Calvo Sotelo, líder del partido monárquico “Renovación Española”, es sacado de su casa y asesinado en un camposanto de Madrid; comienza así la insurrección de una gran parte del ejército. Federico García Lorca que no pertenece a ningún partido político, pero es un artista moderno que por definición, en aquella época, pertenecía al ‘arte degenerado’, es considerado un enemigo para un régimen autoritario. Por esta razón, huye de Madrid a Granada que se mantenía más tranquila. El 18 de Julio se produce el alzamiento militar contra el Gobierno de la República. El 16 de agosto, Lorca es detenido y el 19 del mismo mes, es asesinado en Viznar (Granada), dejando inédita e inconclusa una numerosa obra. En ese mismo año, también muere Miguel de Unamuno, preso en su casa, y se produce el exilio de gran parte de los artistas españoles, como por ejemplo, Manuel de Falla, que moriría siete años después que su amigo Lorca, en Buenos Aires, sin volver a ver su país natal.

 

GARCÍA LORCA Y DALÍ

Fue una gran historia de amor la que vivieron ambos artistas. Lorca, menos temeroso al erotismo, fue mucho más consciente del amor que sentía hacia su amigo.

Según el pintor, en mayo de 1926, el poeta intentó estar físicamente con él y aunque Dalí se sentía halagado, no accedió a sus deseos, lo que Lorca respetó.

Mantuvieron, a pesar de todo, una estrechísima relación personal y artística primero; y un complejo debate estético después, hasta 1928, cuando se produjo el alejamiento entre los dos. Dalí era muy crítico con la obra de García Lorca. Cuando se publicó el Romancero gitano, Salvador le dijo a Federico: «Tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos». Y Federico le hizo caso; dio un golpe de timón a su obra y surgió Poeta en Nueva York.

Dalí se alió con Buñuel en Un perro andaluz, al mismo tiempo que se distanció de Lorca. Con todo, cuando los dos amigos se reencontraron en Barcelona, en el año 1934, ni el tiempo ni la distancia habían borrado esa relación. «Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente…».

“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (…) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (…)”. Escribe Salvador Dalí en el verano de 1928 a su íntimo amigo Federico García Lorca.

Dibujos de Federico

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