Entrevista a Hugo Lerner

Por Iara Bianchi

 

Iara: Una de las secciones de De Inconscientes se llama ‘’De malas palabras’’ y está dedicada a desestigmatizar las palabras que suelen ser excomulgadas del psicoanálisis. Quizá no se trate de la palabra en sí sino de cómo se emplea. ¿Me regalarías una ‘’mala’’ palabra?

Hugo: Si, podemos abordar el concepto de autoestima. Es un error que no se use frecuentemente en el campo psicoanalítico, ya que el primero que habla de autoestima es Freud. Se lo ha vinculado mucho como si fuese una noción ligada  a la autoayuda. Autoestima es un derivado del narcisismo. Si no recuerdo mal, se dice Selbstgefühl, en alemán, y así figura en la obra de Freud, cuando desarrolla el concepto del Ideal del Yo. Aparece en Introducción del narcisismo, en el año catorce. Entonces, a eliminar prejuicios. La autoestima es un concepto freudiano. Que se lo haya dejado de lado en el psicoanálisis a posteriori de Freud, se me ocurre que es porque hubo mucho temor de determinadas escuelas -primero el Kleinismo, después el Lacanismo- de que contenga alguna impronta de la psicología del Yo. En la escuela americana, no sucedió lo mismo.

El sentimiento de estima de sí o de autoestima, depende de la traducción, es un concepto estrictamente freudiano y alude a que el Ideal del Yo es el que nos marca el ideal, los proyectos a los cuáles queremos llegar. No olvidemos que en Introducción del narcisismo era una instancia separada, y en El Yo y el Ello trata como sinónimos al ideal y al superyó. En otros escritos aparece el Ideal como una subestructura diferenciada dentro del Superyó. Es importante señalar el interjuego entre el Superyó, el Yo y el Ideal del Yo. Por decirlo coloquialmente, el Superyó mide cuánto más nos hemos acercado a algo deseado, a un proyecto. De ahí que, de acuerdo a determinados logros la autoestima, se eleve o baje. Podemos deducir que en los trastornos depresivos, la autoestima esté en baja. En estos casos, el Superyó le dice al Yo: “Bueno, no llegaste a nada”.

No quiero dejar de señalar que no se puede pensar en la autoestima sin los otros.  No hay autoestima pensable si no se incluye a la intersubjetividad.

Iara: ¿Cuáles son tus referentes del mundo del psicoanálisis?

Hugo: Yo básicamente soy freudiano. Después me apoyo en Winnicott, Piera Aulagnier, muchos autores que visito y que han incursionado en este tema. Pero este es un concepto freudiano y sobre todo tiene que ver con la dinámica de cómo se ha narcisizado un sujeto.

Iara: Las nociones psicoanalíticas no van por fuera de una política o, al menos, la política, las atraviesa. No obstante, hoy se habla, o, mejor dicho, hay algunos psicoanalistas que hablan de política con foco en la política partidaria…

Hugo: ¿Psicoanalistas que hablan en sesión? 

Iara: Sucede. Te pregunto por los psicoanalistas que hablan de política partidaria en los periódicos, en sus clases, en sus escuelas y también en las sesiones con sus analizantes, y todo ello hablando desde el psicoanálisis y no desde la opinión que puede tener cualquier ciudadano. ¿Dónde se encuentra el límite entre el ciudadano y el psicoanalista en función?

Hugo: Yo creo que no hay que escabullirse. Considero que habría que afrontar los temas políticos y sociales, pero no en sesión y sí en otros espacios, ya que  el psicoanálisis tiene mucho para decir: diarios, medios de comunicación en general. Pero, en mi opinión, aquí cabría la regla de abstinencia. No creo que se deba hablar y opinar de política en sesión.

No nos olvidemos que Freud nos ha dejado como legado escritos sociales. Escritos sociales fundamentales: El malestar de la cultura, La psicología de las masas y el análisis del Yo, Moisés y el monoteísmo. Freud escribe El malestar de la cultura porque vislumbraba el advenimiento del nazismo. Comenzó a hablar de algo que ya se estaba percibiendo y naciendo en Europa, principalmente en Viena y en Alemania. No quiero decir que si Freud lo hizo, estamos autorizados, sino que te quiero dar mi punto de vista. Alain Badiou explica que en cualquier acto del hombre, hay política. En el amor, el psicoanálisis, en la calle, en cualquier situación, hay algo político. Y, sin lugar a dudas, es un pensador importante. A mí me tienta mucho más pensar y escribir, y de hecho lo hago, sobre cómo intervienen los contextos socio históricos en la producción de subjetividad. Y en esto incluyo la política pero en mis elucubraciones, pero, aunque esté presente en mí, no la incluyo explícitamente en mi clínica, sin embargo, ocupa un lugar en mi contratransferencia. En todo caso, veré qué hago con todo esto, pero jamás se me ocurriría abrir un tema político con un paciente. Los sujetos que vienen a analizarse no vienen a dialogar sobre la política. No obstante, en mi posicionamiento acerca de la producción está presente la política como cualquier otras expresiones de los contextos.

En los contextos socio históricos está implícita una política determinada. No es lo mismo pensar la producción de subjetividad durante una democracia que durante una dictadura. Si el psicoanalista no hinca, en palabras freudianas, el diente en lo que está sucediendo en un momento dado, en determinado contexto sociopolítico y socio histórico, me parece que está dejando algo importante de lado. Por ejemplo, creo que hubo un cierto repudio en la época de la dictadura, se hacía como que no pasaba nada y estaban pasando desaparecidos, desastres  sociales, convulsiones sociales por las que estábamos atravesados. Después, cuando vino la democracia, en el ochenta y tres, hubo una explosión esperanzadora acerca de que iba a nacer cierta subjetividad nueva. Ya sin desaparecidos, con juicios a los genocidas, etc. Se abrió una esperanza. Supongo que ha sucedido porque nos guste o no nos guste tal o cual partido político, siempre voy a apostar por la democracia como forma de hacer política más allá de las “grietas”. No olvidemos que por mi edad he sido atravesado por muchas dictaduras. La cuestión es que podamos establecer un tipo de diálogo constructivo.

Iara: ¿Un diálogo constructivo con otras disciplinas?

Hugo: Sin lugar a dudas. Yo creo que los psicoanalistas tienen que ser más contundentes en la inter y la transdisciplina. El psicoanálisis se retrajo, se quedó adentro de sus propias fronteras, y eso le ha hecho daño. El psicoanalista en algún momento se creyó que podía dar cuenta de todo y eso fue un error. Si bien no puede dar cuenta de todo, es un modelo de comprensión de la subjetividad humana que tiene la obligación, entre comillas, de interactuar transdisciplinariamente. Con cientistas sociales, sociólogos, antropólogos, economistas, etc., para dar su opinión. Yo no creo que en este momento se pueda abordar ninguna ciencia, aunque sea una ciencia humanística, si no es desde el lado de la transdisciplina, y el psicoanálisis tiene bastante para decir. Desde ya, estarán los que critican a los que opinan. Es más dable destacar que la diferencia que habría que hacer es si está bien que opine o que emita juicios -yo creo que sí, que está bien- a que tenga un posicionamiento fanático. Esas son dos cosas que hay que diferenciar. Es aplicable a cualquier saber. Un matemático fanático, no creo que sirva. Yo respeto las diferencias si se trata de un pensamiento serio y abierto al disenso. Vale para el psicoanálisis también, pretendo que no se convierta en un pensamiento psicoanalítico “religioso” y fanático.

No me voy a detener a analizar lo que está pasando en estos momentos en la Argentina, porque sería generar una pelea que todavía no se está pudiendo resolver…, por esta famosa grieta y demás. Aquí tenés un ejemplo: la grieta tiene muchos componentes políticos, ideológicos, de identidad, identitarios. Yo pertenezco a A o a B. Y ahí se purgan un montón de situaciones que hacen al equilibrio subjetivo de cada uno. De hecho es como si hubiera dos verdades frente a este momento actual, ¿no te parece? Yo percibo que es establece un diálogo de sordos; cada cual se atrinchera en su “verdad” descalificando la riqueza que otros discursos podrían aportar.

Iara: Y si no adherís a ninguna de las dos verdades, tampoco es fácil…

Hugo: Es difícil no hacer una elección cuando estás bombardeado con tanta información. Me parece que es un poco difícil. A mí me parece que los psicoanalistas podemos y debemos opinar; no obstante, el peligro en muchas cosas que yo leo es que está sesgado por una mirada fanática. El fanatismo es lo que aborta el pensamiento, lo obtura y genera encerronas que al no permitir la interrogación se convierte en todo lo contrario que el pensamiento psicoanalítico propone: abrir interrogantes y no forjar clausuras

Iara: El fanatismo no permite la distancia que posibilitaría una posición crítica.

Hugo: Sí, en el fanatismo no hay una posición crítica. No hay una posición elaborativa. El psicoanálisis abreva en la elaboración y en la posibilidad de reflexión acerca de determinados conceptos. El psicoanálisis, como ya señalé,  es más que nada interrogativo. Por lo menos, el psicoanálisis que yo entiendo es aquel que interroga, no que clausura. A mí no me gusta el psicoanálisis que dice: “a usted le pasa esto, por esto y por esto”. No. Lo que yo tengo que generar es una apertura, hacer algo, poner una palabra que haga que el sujeto se interrogue sobre cierta problemática. Eso yo lo haría extensivo a cualquier actividad en las ciencias humanas. El pensamiento de clausura es el pensamiento fanático. Es el pensamiento que cierra, que no abre. Como un modelo único. Ni siquiera podemos llamarle un modelo epistemológico. Es un modelo de obturación del pensamiento. En ese sentido -y retomando lo anterior-, un psicoanalista que yo considere que es alguien que tiene una apertura hacia el mundo de las ideas, ¿por qué no tiene que opinar? Tiene las herramientas para opinar y tiene las herramientas para intercambiar. Hay un autor, que si bien no habla estrictamente de política, Cornelius Castoriadis, y que a mí me gusta mucho -siempre tengo a mano un libro de él- escribió Institución imaginaria de la sociedad.  Fue el marido de Piera Aulagnier. Él viene de la economía, de la filosofía, de la política, y ha dado muchos aportes. Es el que le dio un espacio muy importante al lugar que ocupa el contexto socio histórico en la producción de subjetividad. Tiene una frase, que a mí siempre me causó mucha gracia, que dice (no es textual): “Ya se terminó esa época en la cual el Yo, el Superyó y el Ello andaban sueltos por ahí; están en relación con el contexto socio histórico que nos rodea”. Es fuerte lo que está diciendo: ‘Señores, no podemos dejar de lado al sujeto fuera del contexto en el cual está deviniendo su subjetividad’.

Durante muchos años, muchos psicoanalistas pensaron que un sujeto era una almeja, que estaba como aislado, en su mundo vincular; era hijo de papá y mamá; se le había dado la situación del Edipo; debía resolver el Edipo; y la sociedad estaba secundarizada. Freud le dio mucha importancia a la situación contextual. De hecho, en sus escritos sociales, se ve claramente.

Iara: Y no sólo eran preguntas las de Freud, también hacía afirmaciones…

Hugo: Hizo afirmaciones. En El malestar de la cultura dice que hay tres tipos de sufrimiento: Los fenómenos de la naturaleza, las enfermedades corporales y la relación con los otros. Esta última es la más importante, afirmó, la relación con los otros. Contexto, vínculo, vínculo con los demás. Sí, él hizo afirmaciones muy contundentes.

Cuando empieza a pensar la noción de narcisismo, Freud dice que en el lugar del Ideal del Yo se coloca al líder. La sumisión al líder es uno de los destinos, el otro es el enamoramiento y el otro es el de la hipnosis. Con respecto a la sumisión al líder, seguramente estaba refiriendo a Hitler por el nacimiento del nazismo. ¿Qué pasaba en un pueblo que había quedado arrasado por la crisis económica? Había perdido esa fortaleza, grandiosidad que tenía el Reich, y viene un tipo, loco como “la gran siete”, paranoico y genera una expectativa, se convierte en depositario del Ideal del Yo de un conjunto de la sociedad alemana, austríaca, y de mucha gente más. Ahí aparecen las juventudes hitlerianas. ¿Qué dice Freud? Ahí se deposita el Ideal del Yo.

Iara: El Salvador…

Hugo: El salvador, el Ideal del Yo, es lo que me promete un cambio y un futuro promisorio. Allí se coloca el Ideal del Yo. Si llegamos a conquistar el tercer Reich, nuestra autoestima se elevará, recuperaremos la grandeza perdida. Es lo que pregonaba Hitler: nosotros somos lo mejor del mundo, la  raza aria, vamos a limpiar al mundo: de judíos, mogólicos, homosexuales, comunistas. Y vamos a ser poderosos. Ahí hubo una investidura narcisista en Hitler y un vaciamiento narcisista en los diferentes Yo de la población, por decirlo de una manera. En la caída de esta idea germánica de grandiosidad, aparece Hitler con un discurso bastante delirante y paranoico, frente a un pueblo que estaba demandando cierto rescate de sus raíces germánicas grandiosas. ‘Sumisión al líder’ lo llama Freud en Introducción del narcisismo, y yo creo que es así.

Si vos revisás cualquier episodio de la historia, por ejemplo, en la película de Scorsese sobre George Harrison o en cualquiera sobre los Beatles, se puede ver el fanatismo de estas chicas detrás de ellos, esos desmayos. Habían puesto un Ideal del Yo, los invistieron narcisísticamente.

Cuando hablamos del líder… Líder es Messi también. Líder es una figura representativa que nos promete identificación y un cambio subjetivo. Eso es lo que se da en los fanatismos, el fútbol, la política. En política se ve claramente: a los seguidores de determinado partido político, a veces, les cuesta reconocer estupideces que dice su líder. Como si fuese el gurú Maharishi. “Ah, palabra santa”. Hay cierta cosa de sumisión al líder. No señalan ni condenan sus errores, porque hay una adherencia subjetiva hacia esta persona con la que se han identificado y han depositado parte de su Ideal del Yo.

Desde el punto psicoanalítico, se trata del Ideal del Yo. Yo, subjetividad e identidad, identificación. Identidad también es un concepto al que el psicoanálisis no le prestó atención. El primero que habló con cierta solvencia fue Erikson, en Infancia social, si mal no recuerdo. Después, ¿quién lo retomó con mucha fuerza? Freud habló, pero quien lo retoma con mucha fuerza fue Piera Aulagnier. Piera habla de ‘proyecto identificatorio’, ‘trayecto identificatorio’.

Vos cuando venías para acá pensabas: voy, me voy a encontrar con un tipo, con Lerner. Venías con una idea de que nuestro encuentro algo podría generar. Ahí hay un proyecto identificatorio. Si esto sale bien en tu identidad una marca deja, deja un conjunto representacional nuevo, diría Aulagnier. Yo también me voy a encontrar con vos. ¿Quién es Iara? Nos vamos a encontrar. Vamos a ver qué sale de este encuentro, de esta situación. Si sale mal, como no tenemos una historia compartida, nos pondremos un poco mal, pero no nos caeremos a pedazos. Pero si se trataría de una historia prolongada, en la cual uno deposita ideales -en política por ejemplo- y falla, se produce una caída en ese ideal, en ese sentimiento de estima de sí, y uno puede entristecerse, deprimirse.

Iara: ¿Algo que me puedas decir sobre el ideal del amor?

Hugo: En los primeros comienzos del amor está el enamoramiento. Yo suelo decir en las clases que el enamoramiento es el estado más lindo, lástima que dura poco. Es por un tiempo.

Iara: ¿No se podrá relanzar y relanzar y relanzar…? (Pregunto con sonrisa esperanzadora y picaresca en mi expresión. Me lo cuenta mi otro Yo que me vio).

Hugo: No, pero el enamoramiento tiene que estar en la mente, es una apuesta del Ideal del Yo. Hay un vaciamiento del Yo en función del otro. El otro es todo. El enamoramiento es eso. Freud que nos dice que sucede en el enamoramiento. ¿El enamoramiento qué produce? Hay una investidura del otro, se lo inviste con todo, y hay un vaciamiento del Yo. “Si vos no estás, me muero”, es una frase de telenovela pero que se ve en las historias reales. Es lo que pasa en el momento del enamoramiento, cuando el otro no está. ¿Qué le sucede al sujeto? Se cae a pedazos, sino no existirían los boleros, el tango, tanta música, poesía.

Iara: ¿Por qué los argentinos consumimos tanto psicoanálisis?

Hugo: Yo no sé si lo puedo contestar. Ante todo, al ser un país conformado por hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes hemos tenido un atravesamiento europeo importante, y de la mano de esto ha venido el psicoanálisis a estas latitudes. Lo que si querría comentar que en la Argentina somos siempre más papistas que el Papa. Acá se ha sido más kleiniano que en Inglaterra y más lacaniano que en Francia. ¿Es raro no? No tengas ninguna duda de que es así. Yo lo atravesé y siempre ha predominado la tendencia a un discurso único.

Iara: Puede volverse aplastante cuando en los inicios de la formación como psicoanalista se plantea, en ocasiones, que hay que leer y saber todo Freud, todo Lacan, todo lo que vino después y luego comenzar a opinar…

Hugo: ¿Sabés qué pasa? Aquí tenemos un problema. Yo que fui docente universitario, doy conferencias, clases, y viajo, percibo muy frecuentemente que hablan de Lacan no sabiendo Freud. Hay una lectura, directamente hacia Lacan y mucha gente se ha salteado Freud. Está bien que se estudie Lacan pero me parece que no se puede estudiar psicoanálisis sin Freud. Cuando doy una clase, doy por sobreentendido que saben Freud. No me voy a poner a explicar el capítulo siete, aunque a veces percibo que mucha gente no lo ha leído, ni este tema ni muchos otros de la obra freudiana.

En la Argentina se ha dado este fenómeno. Te imaginarás, con la edad que tengo, he vivido cuando el Kleinismo inundaba las instituciones psicoanalíticas; de la misma manera que ahora el Lacanismo inunda universidades, muchos hospitales…

Iara: ¿Cómo abrirse a un diálogo teniendo una postura ya predeterminada? Escuchar otra campana, otras perspectivas…              

Hugo: Sí, llega un momento de la vida que es imperioso tomar la postura de apertura. Yo trato de buscar siempre un punto de reencuentro de tratar de indagar que nos une como psicoanalistas. En poco tiempo tendré un Congreso en la Asociación Psicoanalítica Argentina y yo estoy en un taller en el que intervienen lacanianos y de otras orientaciones. Puede ser que yo sea más líbero que otros, pero como ya estamos grandes, seguramente va a salir bien aunque en muchas cosas no coincidamos..

Si vos querés preguntarme si el psicoanálisis está en crisis, creo que no. Cualquiera diría que estoy loco. Considero que el psicoanálisis sigue siendo muy sólido en la explicación de la subjetividad, y aun en ello no ha sido superado. Lo que probablemente está en crisis son algunas instituciones, pero no el psicoanálisis como modelo explicativo acerca de la subjetividad. Sigue habiendo producción. En mi opinión personal, sigue siendo el mejor modelo acerca de la comprensión del sujeto humano. Sigue habiendo congresos, se sigue escribiendo. Me parece que más que nada el temblor se instala al modelo institucional clásico, -yo no veo una analogía para hacer con el fin de la historia, según lo plantea Fukuyama,  que en nuestro campo significaría ‘’el fin’’ del psicoanálisis-. Yo veo que tiene fuerza, siempre y cuando el psicoanálisis, volviendo a tu pregunta inicial, interactúe con la situación contextual, con otras disciplinas, que salga de los encierros parroquiales.

El psicoanalista que se queda solo leyendo psicoanálisis empobrece un poco su capacidad clínica. Es importante el análisis personal, la supervisión, el estudio de las teorías psicoanalíticas, el estudio de otras disciplinas. Y si no es el estudio, es abrirle las puertas a las otras disciplinas .“Vení, vamos a juntarnos, charlemos”. Recientemente, escribí sobre adolescencia e identidades. Casi el cincuenta por ciento de ese capítulo devino de lectura de sociólogos, porque tuve que hablar de tribus urbanas. Me reconforta visitar otros saberes y me enriquece en mi clínica.

Si un terapeuta de adolescentes no se detiene a leer qué es una tribu urbana- que tiene que ver con la construcción de la identidad-  me parece que no puede atender adolescentes…, si no entiende lo epocal, los tatuajes, los piercings, las diferentes tribus que hay, inevitablemente tendrá profundos escotomas.

Iara: Pensando en voz alta… ¿Y qué sucede con aquellos que no encuentran tribu? ¿El deseo de pertenecer a tal o cual grupo quizá no sea un camino directo al encuentro de una identidad, no obstante, pareciera que se necesitara de un reconocimiento de algún tipo, de una afirmación de sí?

Hugo: Siempre va a haber algún encuentro con algo, alguien que estimule el proyecto identitario, sino se daría como un vaciamiento interno. No quiere decir el que no pertenezca a la tribu estará en déficit. La identidad puede ser que se la dé un trabajo o un grupo social. Lo que sucede es que en la adolescencia muchas veces se buscan tribus y no todos pertenecemos a los punk, a los emos… Al salir de la endogamia, de la familia, el adolescente va hacia la búsqueda de un grupo de pares. No tiene porqué ser alguna tribu urbana, sino un grupo de pares que funciona como una urdimbre sostenedora de la identidad que está deviniendo. La identidad es una construcción que empieza el día cero y termina el último día de la vida. Siempre en ese interjuego entre lo interno y lo pulsional y lo externo contextual. Hay siempre un intercambio entre lo más inconsciente y lo que tiene que ver con la realidad.

Iara: Me resuena la frase de Whitman: “contenemos multitudes”.

Hugo: Exactamente. Y yo eso lo apoyo, porque si tenés nada más que un sector del conocimiento estaremos en problemas. Sin ninguna duda, Freud habló de los vasallajes del Yo: el Superyó, el Ello y la realidad. La realidad es un vasallaje del Yo. A la realidad se la ha descuidado como factor importante de la constitución psíquica. Se ocuparon muchos autores de darle peso a lo intrapsíquico, y a lo no intrapsíquico se lo dejó de lado. Como si fuese proyección nada más.

Cuando en el año 2001 pasó la crisis en Argentina, ¿qué pasó? ¿Por qué aumentaron cuarenta por ciento las consultas por depresión? Sí, estaba lo intrapsíquico pero había un contexto que amenazaba con la ruptura de un proyecto identificatorio. La gente sentía que perdía todo. Hubo emigraciones masivas. En otros momentos tuvimos hiperinflación, hiperterrorismo de estado. Tuvimos ‘’hiper’’ de todo. ¿Podemos decir que somos inmunes a todo eso? No, pensemos y tratemos de integrar como interviene la realidad en la producción de la subjetividad y muchas veces en los cuadros patológicos.

Iara: La depresión es una consulta cada vez más frecuente. ¿Viene de la mano de las consultas por soledad?

Hugo: Sí, totalmente. La depresión está segunda en el ranking estadístico de la OMS, en cuanto a padecimiento, enfermedad que causa mayor discapacidad. Depresión y soledad van de la mano. Hasta hace un año la Organización Mundial de la Salud ponía a la depresión como la tercera causa de enfermedad. Estimaban que para el 2020 iba a estar segunda. Hoy ya está segunda, después de las cardiopatías.

Iara: En entrevistas con pacientes escucho consultas frecuentes que rondan el tema de la soledad. ¿Siempre fue un motivo de consulta o considerás que se puede haber acentuado en los últimos tiempos? Y, de ser así, ¿cuál pensás sería la razón?

Hugo: Sí, se ha acentuado más. La depresión, la angustia, la melancolía tiene mucho que ver con la situación contextual. Vos no podés creer o pensar que alguien que está en su casa en California y que en lugar de ir a trabajar lo mandan a la guerra a Afganistán, es el mismo sujeto. Es imposible pensar eso. Algo de su subjetividad ha sufrido un terremoto. Te estoy poniendo un ejemplo tremendamente duro. Pero para ubicarnos más cerca nuestro, no podemos pensar que una persona que estaba lo más bien con su trabajo estable y luego lo despidieron en la crisis del 2001…, repito, no podemos pensar que su subjetividad no va a estar convulsionada. El Yo estará convulsionado. El Yo padece tanto el ataque de lo pulsional, como de la realidad externa.

Iara: Una última pregunta, ¿qué consejos le darías a los analistas en formación?

Hugo: Leer con mucha pasión a Freud. Claro, es una característica mía. Abrazar con pasión lo que se hace, saber que uno elige esta profesión, y que no es algo que queda fijado; es decir,  no como que “si la elegí, ya no queda remedio”. Que sea en una reelección constante. La vocación es algo que no es un sello de fábrica y para que uno reelija la vocación tiene que tener una búsqueda epistémica y curiosear acerca de estas cosas. Entonces, leer mucho psicoanálisis, mucho Freud, y leer muchas otras cosas. En sintonía con esto, para mí lo fundamental es el análisis del analista y la supervisión; con solo estudiar no alcanza.

A mí me gusta mucho la ficción, la literatura; me es útil. Yo siempre digo que quien para mí supo mucho de psicología y psicología femenina fue Ingmar Bergman, el director de cine. Me impresiona la profundidad de un tipo que no necesitaba ser psicoanalista para saber tanto o más de la subjetividad femenina. Este es un buen ejemplo de que el psicoanálisis puede ser abonado de diferentes fuentes.

Iara: Hay otros caminos entonces para llegar a comprender la subjetividad…

Hugo: Sin duda. Existen Cortázar, Borges, los grandes argentinos. Lo que pasa es que ellos no proponían una práctica psicoanalítica. El psicoanálisis es un cuerpo teórico que da cuenta de la subjetividad pero también es una práctica que apunta a una palabra que está denostada: la cura.

Yo no creo que la cura es por añadidura, los que me vienen a ver es porque no andan bien. Se terminó la época en la que se iba al psicoanalista para ver cómo anda la vida. Recuerdo, era así cuando tenía veinte años. Hoy se va al psicoanalista porque uno está mal. Algo está pasando, hay algún tipo de sufrimiento.

Iara: Se solía ir a un psicoanalista, que no es lo mismo que a realizar un análisis, ¿como introspección o catarsis?

Hugo: Claro. Hoy en día es caro, es exigente, una demanda, es un esfuerzo, un lío llegar hasta el consultorio.

Iara: Es un lío cambiar… (risas). Gracias Hugo.

Hugo Lerner

Hugo Lerner 
Psiquiatra y psicoanalista

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Fundadora. Directora Editorial. Psicoanalista

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Cesar
Invitado

Interesante entrevista, el punto a destacar es que se mueve de un lado a otro sobre las problemáticas sociales de la actualidad.

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