Parte I: ”Son pequeños encuentros, pequeños contactos no intrusivos… ; a partir de ese momento se intenta producir una apertura de modo tal que se puede poner en práctica lo que se llama autismo de dos. Son contactos contingentes, sutiles, pero no por eso menos afortunados.”

Parte II: ”Hablamos de un espectro autista…, porque hay distintas formas de presentación. El siglo XXI tuvo la particularidad de contar con la publicación de testimonios de autistas, como los de Temple Grandin, Donna Williams, Daniel Tammet, entre otros.”

Silvia Tendlarz responde:

Transcripción del video:

PARTE I

Hay dos situaciones que presenté en uno de los textos que escribí sobre autismo, ocurridos en este mismo consultorio. Una es de un niño, de un año y medio, dos, sentado sobre sus pañales en el piso, que tomaba una cadenita con la cual tenía su chupete y la tiraba al piso y la volvía a levantar. Ahí tenemos lo que se llama la repetición estereotipada. Un niño pequeño, de un año y medio, que traen a la consulta se para frente al ventanal de mi consultorio y se queda mirando. Uno se podría preguntar qué mira mientras va aleteando con sus bracitos. La madre dice que le gusta el movimiento de las hojas pero cómo saber exactamente hacia dónde se dirige su mirada. En un momento sentado en el piso jugaba de forma repetida con una cadenita en la cual tenía enlazado su chupete, lo dejaba caer y lo volvía a levantar de forma repetida. En un momento, suavemente le quito la cadenita. En ese momento el niño, que activamente rechazaba todo intento de acercarme a él, se da vuelta y me mira y me sonríe, y me lo saca; y yo se lo vuelvo a sacar, introduciendo una secuencia muy pequeña de intercambio donde yo le sacaba la cadenita, él me la volvía a sacar y me sonreía. Hasta que en un momento la toma, se da vuelta, sentado sobre su pañal, y me da definitivamente la espalda. Es un momento de un pequeño contacto sin intrusión.

Otro ejemplo es un niño que hacía unos grandes berrinches, un niño de tres años, y pataleaba y gritaba. En un momento, sentado en la mesa, en la mesita de trabajo, me pongo frente a él y hago el mismo berrinche que él. El niño me mira y se ríe y a partir de ese momento se produce un intercambio no sólo de mirada sino de objetos. Mientras hacíamos la investigación en el Departamento de Autismo y Psicosis en Infancia presentaron distintos ejemplos de momentos de encuentro, la contingencia de ponerse en comunicación, no diría comunicación, de ponerse en contacto con el niño. Un analista se tira en el piso con los brazos en cruz imitando a una niña que estaba tirada de la misma manera y la niña apoya su cabeza sobre su hombro. Otra, un niño escondido debajo de la mesa que le van tirando autitos y de golpe el niño responde tirándole un autito a su vez. Son pequeños inventos, pequeños contactos no intrusivos pero de ahí, a partir de ese momento, se intenta producir una apertura de modo tal que se pueda poner en práctica lo que se llama el autismo de a dos. ¿Qué significa eso? Poder incluirse en el encapsulamiento autista de modo tal que pueda producirse un desplazamiento. Son encuentros, contactos contingentes, sutiles, pero no por eso menos afortunados, por así decirlo. En definitiva se trata de verdaderamente poder escuchar al otro en su manera de decir las cosas. El sujeto mismo se ocupa de producir sentidos. Yo creo que si algo nos enseña el autismo es que, como analistas, tenemos que abstenernos del sentido, porque cuando un niño no habla fácilmente se adjudica una interpretación a cada cosa que hace. Entonces, hay que abstenerse de eso, porque en lugar de ver cuál es el trabajo propio del sujeto, se produce una sobreinterpretación de sentidos que nada dice sobre qué es lo que para ese sujeto va a ser posible como construcción, como invención para encontrar una salida.

Si el autismo es o no una psicosis. Yo creo que hay que diferenciarlos, por eso hablaba del autismo como funcionamiento subjetivo singular, y hay muchos elementos que permiten distinguirlos. Por ejemplo, se puede hablar de un inicio del autismo. Se inicia en la pequeña infancia… No hay un inicio de autismo a los veinte años, hay ciertas edades; desde el nacimiento a los dos, tres años, cuatro a veces si se trata del síndrome de Asperger. También hay que ver cuándo tuvo un encuentro con alguien que pudo diagnosticarlo como tal. Algunos niños comienzan teniendo como cierto lazo con el otro, un uso de algunas palabras, y por alguna contingencia ese habla se perdió. En realidad hay que decir que hay una pequeña observación de Jean-Claude Maleval que me pareció interesante, que es puntuar cómo en el momento que el sujeto tiene que incluirse en el lenguaje, en ese momento hay algo que, aún teniendo algunas palabras, se modifica. En cambio, en la psicosis se habla de desencadenamiento de la psicosis ¿Eso qué significa? Que es un momento de ruptura, se produce una discontinuidad. Frente a la continuidad del autismo encontramos la discontinuidad de la psicosis y eso hace que sea un antes y un después, con aperturas y cierres. El desencadenamiento de la psicosis puede compensarse, tener algún tipo de suplencia; no hay nada de eso para el autismo. Por otra parte, en la psicosis podemos comenzar en cualquier momento, puede ser a los cincuenta, no necesita ser en la temprana infancia. Es cierto que clínicamente la psicosis, las esquizofrenias precoces y los autismos en su forma de presentación pueden resultar similares y confunde el diagnóstico. Pero lo que cambia es la dirección de la cura, porque al ser un funcionamiento singular, constante, el tratamiento tiene su particularidades, que se va produciendo este desplazamiento, en cambio, en la psicosis requiere otro tipo de intervenciones. En la psicosis hay delirio. El niño puede presentar acciones delirantes, de persecución, erotómanas, hipocondríacas, en cambio, en el autismo no hay delirio. El psicótico escucha voces al estilo de alucinaciones verbales psicomotrices. La forma de la presentación de la alucinación en el autismo…-que hay discusión también si hay o no alucinación en el autismo-.  La manera de presentarlo de  Eric Laurent es como el equívoco de la lengua que se vuelve un ruido incesante. Lacan dice que el autista escucha muchas cosas. Eso se ve en los niños tapándose los oídos, tratando de obturar los agujeros; da cuenta justamente de esto. Por otro lado, con la psicosis hablamos de la forclusión del Nombre del padre. Para el autismo Lacan introdujo un término que es la forclusión del agujero. Esto tiene que ver con la medida en la que el niño está inmerso en lo real, y es un real donde no falta nada.

 

PARTE II

Hay que saber que el autismo… Si hablamos de un ‘espectro autista’, que es el término que se usa ahora en los manuales de diagnóstico -el DSM-V- es porque hay distintas formas de presentación; y el siglo XXI tuvo la particularidad de contar con publicación de testimonios de autistas, como Temple Grandin, Donna Williams o Daniel Tammet, entre otros. Ellos explican aquello que ellos experimentaban de niños. Entonces, efectivamente, ante un niño que no habla o dice pocas palabras, qué querrá decir, qué querrá hacer resulta enigmático porque queda por fuera de sentido. Pero estos testimonios nos permitieron acercar cómo ellos mismos pueden hablar de lo que ellos experimentaron de pequeños y cómo se fue ampliando su mundo. También son el testimonio de que el autismo no es un testigo funesto, no es que un sujeto autista significa que nunca va a salir de su encierro. Hay una manera que la cuenta Donna Williams, decía que cuando le hablaban para ella esos ruidos eran molestos e incomprensibles hasta que empezó a otorgarles un sentido, empezó a tratar de entender lo que decían los otros, pero ella da cuenta de cómo es un trabajo de construcción para ella. Es tan sensible esto que ella cuando adulta está en una escuela donde había niños autistas y ve a una niña rodeada de una cantidad de educadoras alrededor de ella tratando de conectarse, con sonidos, imágenes, movimientos, y ella lo captaba como un tsunami sensorial. La aterrorizaban todos esos ruidos, cuando toda su infancia trató de un trabajo para producir algún tipo de sistema defensivo frente a ese mundo que le resultaba especialmente intrusivo e inquietante. Entonces, esta descripción por parte de ella, incluso ese sentimiento de un agujero negro que estaba siempre presente al lado de ella, donde todo podía derrumbarse, da cuenta de lo que es la vivencia del autismo contada por una adulta, donde de ese agujero negro, esta sensación de que todo podía eclipsarse sobre ella, que tiene que ver con ese uso topológico del espacio diferente que hay en el autismo, y la presencia de estos dobles reales que es con lo que ella contó como recurso durante toda su infancia. Entonces, me parece que los testimonios dan cuenta de distintas vidas, distintos destinos. Tanto ella como Tammet están casados, tienen sus parejas. Una pareja homosexual Tammet y una pareja Donna Williams, primero homosexual y después heterosexual. Ha escrito muchos libros, hace música, también tiene una página web donde enseñan por internet idiomas. O sea que cada uno encuentra su solución y no sólo los autistas, se puede decir que los sujetos en general cada uno encuentra su solución.

Tal vez para decir una palabra más acerca del autismo en relación al psicoanálisis… Existe un mito acerca de que los psicoanalistas culpabilizamos a los padres del autismo a sus niños. Esto se inicia con Bruno Bettelheim donde hablaba justamente de una dificultad en el lazo entre la madre y el hijo. Pero en la orientación actual no hay nada cierto en eso de considerar que el autismo es por causa de los padres. Es una contingencia subjetiva que no es por aquello que los padres hicieron mal o la acusación de no haberlo deseado o haberlo tratado mal. Me parece que es totalmente anacrónico hacer un planteo de ese estilo. En las consultas que yo veo, veo padres afectados, afectivos, cariñosos, ni mejor ni peor que otros padres, porque en la maternidad o en la paternidad somos todos fallidos, y me parece que es una cosa que no es específico del autismo.

Entrevista realizada por Iara Bianchi.

TENDLARZ

Silvia Tendlarz 
Psicoanalista

Iara Bianchi

Iara Bianchi 
Psicoanalista

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